Opinion

21 de noviembre

Por: Alejandro Loaiza Salazar – Enlace Congreso de la República. Oriundo de Samaná, con estudios en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

16 noviembre 2019

Policías acorralados y refugiándose en una lavandería, bienes públicos destrozados, personas heridas por las manifestaciones y tráfico colapsado, fueron los titulares de medios de comunicación en Francia, lo anterior como consecuencia de las manifestaciones que entre ayer y hoy se llevaron a cabo en París.

Y eso que estamos hablando de un país del primer mundo, en donde la provisión de servicios públicos es a todas luces superior a la nuestra, en donde la calidad y cobertura en educación permite la construcción de una ciudadanía en principio más cívica, educada y progresista.

Sin embargo, la protesta, es protesta en Francia, Israel, China o Colombia. Los ánimos se caldean, y por supuesto los vándalos siempre aparecen y aprovechan la confusión.

Sólo las dictaduras y aquellos con una clara convicción totalitaria podrían siquiera pensar en prohibir el sentimiento social que en ocasiones se manifiesta con la protesta.

Colombia sufrió como pocos países el hostigamiento y los vejámenes de guerrillas con formación marxista- leninista, que tuvieron bases de apoyo en la izquierda radical, y que ocasionaron una repulsión a cualquier ideología similar. De allí que, en nuestro país, la izquierda política y económicamente hablando, genere tanto temor entre aquellos que incluso nunca en su vida han leído algo de literatura que explique este pensamiento, fue la izquierda por muchos años asociada siempre con subversión.

El peor enemigo de las vertientes de izquierda en nuestra nación fueron irónicamente las mismas guerrillas que cerraron puertas democráticas, y aspiraciones legítimas de los pocos abanderados de estas doctrinas en el país, y que a fuerza de luchar contra la estigmatización decidieron seguir adelante bajo el imperio de la ley.

Pero en un país en donde la venganza esta en nuestro ADN, y ante la falta de eficacia del Estado, surgieron grupos de Autodefensas que junto con las guerrillas se encargaron de acallar la protesta utilizando una sinfonía de balas y metralla. Ambos se propusieron exterminar cualquier conato de impulso que contra sus ideologías se pudieran manifestar.

No en vano hoy, y a pesar de que nuestros niveles de violencia se han disminuido, aun cuando siguen los asesinatos de líderes sociales y militantes de todos los partidos, los ciudadanos se sienten más respaldados, quieren ejercer sus derechos, pero también hacerlos respetar, encuentran en las redes sociales una alternativa para dar a conocer sus ideas, para convocar. Hoy la posibilidad de morir por defender una idea es latente, pero el riesgo de un exterminio es menor.

El próximo 21 de noviembre miles de colombianos saldrán a las calles, izquierda y derecha rodarán juntos por las mismas aceras, y más que estar en contra de un gobierno, se siente en el ambiente que nuestros compatriotas piden un cambio, un cambio de la clase política, que por años ha hecho con nosotros lo que han querido. Hoy somos más exigentes, hoy el temor a manifestar inconformismo es menor, hoy exigimos más de quienes más pueden dar. Hoy no nos callamos y si es necesario saldremos a marchar. Hoy Colombia no es la misma.

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