EDITORIAL
Después de varias semanas de una controversia innecesaria completamente, el próximo presidente de la república, Abelardo de La Espriella, decidió posesionarse en la ciudad de Cali el próximo viernes 7 de agosto.
Durante las sesiones tanto del Senado como de la Cámara de Representantes en las que se discutió y aprobó el traslado temporal de la sede del Congreso de la República a la ciudad de Cali para el acto de posesión de De La Espriella, escuchamos una serie de discursos insulsos de congresistas pretendiendo congraciarse con el próximo gobierno. Intervenciones insubstanciales, vacías, y sin importancia alguna.
Todos coincidieron que, con la posesión en un lugar diferente a Bogotá, empezaba un real proceso de descentralización en el país. Nada más apartado de la realidad que ello. Como lo expresara el exsenador Omar Yepes, “…dudamos que despachar desde cualquier sitio del país, fuera de Bogotá, resuelva los problemas. Los problemas se resuelven con actos de gobierno sea desde Bogotá, desde Barranquilla o desde cualquier lugar. Son las decisiones y no el lugar desde donde se emiten.” La verdadera descentralización está en la vigilancia en el uso de los dineros públicos que la nación entrega. Esos dineros aplicados a lo prioritario e invertidos honradamente pueden provocar bienestar y desarrollo real en las regiones.
Mucho se habla del atraso de algunas regiones del país. Evidentemente las hay y algunas rayan en la pobreza. Pero ese atraso y pobreza no son tanto por abandono sino por una mala utilización de los recursos que se tienen o se giran o por la corrupción que se ha asentado definitivamente en esas regiones avasalladas por unos caciques o gamonales insensibles, ansiosos de riqueza. Si se vigila la utilización de los recursos propios y se controla y hace seguimiento a los girados del presupuesto nacional, previo análisis de necesidades prioritarias, esas regiones pueden acompasar a otras del país que gozan de desarrollo superior. Es problema de vigilancia, honradez y buena disposición de lo que se tiene o se recibe.
Siempre hemos clamado por un Congreso de la República serio y responsable, empoderado de sus deberes constitucionales de control político, independiente, con criterio y honorabilidad. Ello sí cambiará al país, y que ayude con reformas a solucionar los problemas estructurales que tiene Colombia.
No queremos más un congreso lambón y arrodillado a los caprichos del mandatario de turno.
Manizales, agosto 02 de 2026.













