EDITORIAL
En las últimas semanas se han venido presentando una serie de hechos que generan ruido innecesario por parte del presidente de la república electo, Abelardo de La Espriella, lo que distrae la atención de los verdaderos problemas nacionales que tendrá que afrontar.
El lunes 26 de junio informó que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destinaría sesenta millones de dólares no reembolsables para apoyar el proceso de empalme con el Gobierno saliente de Gustavo Petro.
“El Banco Interamericano de Desarrollo ha destinado sesenta millones de dólares no reembolsables para apoyar este proceso de empalme de transición», afirmó De la Espriella en una alocución difundida a través de sus redes sociales, en la que señaló que el organismo multilateral reconoció «la magnitud histórica del ‘desgobierno’” que recibiría.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) respondió a Caracol Radio un derecho de petición sobre este anuncio afirmando que “no se han destinado US$ 60 millones para apoyar proceso de empalme”, lo que significa que lo afirmado por De La Espriella era mentira.
Los procesos de empalme no tienen costo alguno porque se hacen con voluntariado, y en este caso, fue interrumpido por el presidente electo, y los bancos tampoco regalan dinero para estos menesteres.
Luego, el BID quiso zanjar el daño diciendo que hay un compromiso de acompañar el inicio del gobierno de De La Espriella con $US 63 millones en busca que Colombia “pueda avanzar desde el primer día con una agenda de reformas, inversión y desarrollo”. Esto es algo completamente diferente.
Esta salida en falso del presidente electo es muy grave para un gobierno que aún no empieza.
La interrupción abrupta de la obligación legal de hacer el proceso de empalme con el gobierno saliente, y el sitio de posesión, también han generado controversias innecesarias que nada bien le hacen al país.
Las relaciones políticas tampoco están siendo bien manejadas por el designado ministro de interior, Rodrigo Lara. El enfrentamiento con el expresidente Álvaro Uribe Vélez por quién será el próximo presidente del Senado de la República, es lamentable porque significa que no hay correspondencia con la organización política que le brindó el apoyo electoral más importante para lograr el triunfo en las urnas. Este será el punto de partida de unas diferencias que difícilmente sanarán en el futuro. Recordemos el caso de Juan Manuel Santos. Sin el apoyo de Uribe, Abelardo de La Espriella no hubiese sido elegido presidente.
Tiene razón el expresidente Uribe al no estar de acuerdo con la postulación hecha del senador Alfredo Deluque por el presidente electo para la presidencia del Senado. Este congresista, quien repite período, apoyó casi todas las iniciativas del presidente Gustavo Petro durante el cuatrienio que termina hoy, además, pertenece a una bancada minoritaria integrada por solo 8 miembros frente a la del centro democrático que tiene 17. Ambos bandos se irán a voto limpio en la sesión de instalación del próximo 20 de julio. Gane quien gane, el daño ya está hecho y las relaciones entre ambos sectores jamás volverá a ser la misma.
Otro de los aspectos que le cobrarán a De La Espriella es la falta de coherencia con algunos nombramientos como el de la próxima ministra de Cultura, la exsenadora Paola Holguín, una política tradicional. ¿Acaso no aseguró que no gobernaría con políticos?, o es que esta designada alta funcionaria viene de un convento de monjitas de la caridad.
La designación de Silvia Tcherassi como embajadora ad honorem de la moda también no deja de ser un hecho simpático y folclórico. ¿Embajadora ante quién o en qué país?
Dicen en mi tierra: desde el desayuno se sabe lo que será el almuerzo.
Manizales, julio 19 de 2026.













