Opinion

DÓLAR BARATO Y MEGA FENÓMENO DE EL NIÑO: LA TORMENTA PERFECTA QUE AMENAZA AL AGRO EXPORTADOR COLOMBIANO

Antonio Corrales Giraldo

Por: Antonio Corrales Giraldo.

Mientras el país concentra su atención en los debates políticos y económicos, en el campo colombiano se está gestando una crisis silenciosa que puede tener profundas consecuencias sobre la producción, las exportaciones, el empleo rural y la seguridad alimentaria.

El agro colombiano enfrenta uno de los momentos más desafiantes de las últimas décadas. Tres factores convergen simultáneamente para poner en jaque la competitividad del campo: la fuerte revaluación del peso frente al dólar, el incremento sostenido de los costos de producción y la inminente llegada de un mega fenómeno de El Niño que podría intensificarse durante los próximos meses. La combinación de estas variables configura una verdadera tormenta perfecta para las exportaciones agropecuarias.

La revaluación del peso tiene diversas explicaciones. Entre ellas se destacan el debilitamiento internacional del dólar, el crecimiento de las remesas enviadas por los colombianos en el exterior, el ingreso de divisas por exportaciones petroleras, la inversión extranjera y el mayor flujo de recursos financieros hacia el país. A ello se suma la circulación de divisas provenientes de economías ilegales, un fenómeno que también ejerce presión sobre el mercado cambiario.

Las cifras son contundentes. El 10 de abril de 2025 la Tasa Representativa del Mercado (TRM) era de $4.417 por dólar. Al 1 de agosto de 2026 se ubica alrededor de $3.097, una caída de $1.320, equivalente a una revaluación cercana al 30 % del peso colombiano.

Lo que para algunos sectores representa una ventaja, para el agro exportador significa una pérdida de competitividad. Cada contenedor de café, flores, banano, plátano, aguacate, limón Tahití, palma de aceite, azúcar o pescado exportado genera hoy menos ingresos en pesos, mientras la mayoría de los costos de producción continúan aumentando.

El panorama se agrava con las nuevas barreras comerciales que enfrentan algunos productos en mercados internacionales, particularmente el limón Tahití y las flores, precisamente dos de los sectores más sensibles a las variaciones de la tasa de cambio.

Al mismo tiempo, los productores deben asumir mayores costos laborales derivados del incremento del salario mínimo, la reducción de la jornada laboral, el aumento de los costos de transporte, aumento de las tarifas de energía y, en numerosos municipios, el fuerte incremento de los avalúos catastrales. El resultado es una reducción progresiva de los márgenes de rentabilidad.

Si esta tendencia continúa, el país no solo perderá competitividad internacional, sino que también pondrá en riesgo miles de empleos rurales, disminuirá la inversión privada y afectará el desarrollo económico de amplias regiones cuya economía depende de las exportaciones agrícolas.

Y cuando el escenario económico ya es suficientemente complejo, aparece un nuevo desafío: el fenómeno de El Niño.

Los organismos especializados en monitoreo climático advierten una probabilidad significativa de que este evento se fortalezca hacia finales del año, generando temperaturas superiores a lo normal y una reducción importante de las lluvias. Para Colombia, donde aproximadamente el 75 % de la agricultura depende del agua proveniente de las precipitaciones, la amenaza es evidente.

Menos lluvias significan menor disponibilidad de agua para los cultivos, reducción de la productividad, mayor incidencia de plagas y enfermedades, incremento del riesgo de incendios forestales y una menor oferta de alimentos para los mercados nacionales e internacionales. Prepararse para El Niño también exige acciones inmediatas en las fincas: conservar la humedad del suelo mediante coberturas vegetales, incorporar materia orgánica, optimizar el uso del agua, establecer sistemas de riego eficientes, utilizar hidrogeles cuando sean técnicamente recomendables, ajustar los planes de fertilización y reforzar la prevención de incendios forestales.

Frente a esta realidad, el país necesita una estrategia integral de competitividad para el sector agropecuario.

Por ello, solicitamos respetuosamente al señor ministro de Agricultura, Indalecio Dangond Barreto, que convierta este desafío en una prioridad nacional mediante programas de investigación, innovación, asistencia técnica, transferencia de tecnología y capacitación para los productores. Es indispensable impulsar la transformación agroindustrial, promover certificaciones de calidad, abrir nuevos mercados internacionales, reducir la dependencia de un solo destino de exportación y fortalecer la asociatividad de los productores.

Agosto de 2026.

Lo más visto

To Top