Opinion

PARIDAD DE GENERO EN EL CODIGO ELECTORAL

Por: Juana Carolina Londoño – Abogada especialista en derecho comercial y legislación financiera y gerencia de entidades territoriales.  Trabajó como asesora jurídica del Instituto de Seguros Sociales, Central de Inversiones S. A., concejal de Manizales, representante a la Cámara, presidente de Fiducoldex y actualmente empresaria: Londoño Asociados.

En la semana que termina fue aprobado en plenaria del Senado de la República el proyecto de ley 234 de 2020 a través del cual se reforma el código electoral colombiano y así modernizar la forma de elegir y ser elegido,  modifica las competencias de las autoridades que intervienen, y los procedimientos para el ejercicio electoral.  Lo único que falta para que sea Ley es la revisión constitucional y la posterior sanción presidencial.

De entrada, algunos cambios suscitan interés para los ciudadanos, como por ejemplo la ampliación de la jornada de votación hasta las 5 de la tarde y el servicio público gratuito el día de las elecciones, igualmente, se creará un nuevo censo y domicilio electoral donde acertadamente los puestos de votación se asignan en función de su residencia eliminando  la inscripción de cedulas en lugares diferentes, tratando, con esto, de combatir la trashumancia electoral.

Con respecto a la paridad de género existen cambios en la conformación de las listas, anteriormente, debían las organizaciones políticas incluir un 30 % de mujeres, ahora, con la reforma, deberán incluir un 50%.

En mi opinión, como mujer, con vocación pública, siempre he considerado que los espacios públicos y privados no se exigen, sino que se ganan, y esta sería una oportunidad de oro para demostrar por parte de las mujeres un liderazgo con capacidad de lucha y triunfo. Cada espacio alcanzado por nosotras ha sido fruto de la lucha, la obstinación y la voluntad. Nunca nos han regalado nada y lo que hoy consagra esta norma es la consecuencia de la lucha silenciosa de miles de mujeres que impulsaron desde siempre la paridad en todos y cada uno de los escenarios públicos y privados. Mujeres anónimas y visibles que desde hace décadas alzaron su voz por tantas cosas que hoy nos parecen normales pero que en ese momento eran objeto de burla o indiferencia.

En cuanto a ese 50% en las listas es importante que las directivas de los partidos entiendan que no se trata de un requisito que hay que cumplir rellenando las listas con nombres sin viabilidad alguna sino de realmente asumir un compromiso real con la paridad, es decir, dándole fuerza a sus aspiraciones, promocionando con los recursos del partido sus nombres y estableciendo protocolos de igualdad en el impulso de sus pretensiones electorales, diseñando estrategias para que la paridad se consolide en la realidad y no sea el lánguido cumplimiento de un requisito.

El reto es grande y no se trata de volverlo estériles pujas entre géneros para determinar quien es mejor o mas poderoso o competente, se trata de un trabajo mancomunado de hombres y mujeres con el único fin de entregarle resultados sociales efectivos en beneficio de tantas comunidades que hoy claman  por ingresos y oportunidades a través de empleos dignos, educación, emprendimiento o posibilidades de bienestar y futuro. El liderazgo femenino sabe cuidar, como lo han demostrado los países conducidos por mujeres durante la pandemia. Es el momento de que esa condición enriquezca las políticas públicas y se traduzca en nuevos énfasis y acciones en beneficio de tantas personas que esperan algo de nosotros. El reto es ese y estamos dispuestas a asumirlo porque somos conscientes de lo mucho que lucharon las que nos antecedieron y de lo mucho que debemos luchar por las que vendrán.

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