Por: Michael Andrés Corrales Buitrago – Trabajador social.
Pasadas las elecciones del 8 de marzo de 2026, hay múltiples conclusiones que se evidencian en el panorama político nacional:
1. El Pacto Histórico se consolida como el partido más grande del país. Hoy es la fuerza política con mayor votación en Colombia y también en nuestra región, Caldas. En el ámbito del Senado, a nivel nacional, el Pacto logró más de 4.4 millones de votos, superando su propia votación de hace cuatro años. En Caldas, en coalición con el Partido Verde, alcanzó 73.000 votos para Cámara, dejando electo a Santiago Osorio, un jugador que seguramente marcará un hito en la política caldense en los próximos años.
Este resultado se repite en muchos otros departamentos del país, donde el Pacto fue la principal fuerza o quedó en segundo lugar. Si ponemos la lupa sobre este hecho político, encontramos algo interesante: generalmente los movimientos que llegan al poder se desgastan con el paso del tiempo; sin embargo, el Petrismo logró fortalecer y ampliar sus bases.
¿La receta? Haber encontrado la forma de hablarle directamente a la gente, poner sobre la mesa sus necesidades y darle voz a quienes durante décadas no la tuvieron. Estudiantes, adultos mayores, campesinos, trabajadores y juventudes —la verdadera base social del país— han encontrado allí una representación que otras vertientes políticas no han comprendido.
Quizá este sea solo el comienzo. La izquierda aún podría seguir creciendo y participar con fuerza en las elecciones venideras, tanto presidenciales como regionales. Además, el próximo año Gustavo Petro podrá salir a impulsar candidatos en todo el país sin las restricciones propias de la presidencia, lo que seguramente fortalecerá aún más la ola progresista en las regiones.
2. La jugada política de Uribe empieza a tomar vuelo. Aunque no sea un personaje de mis afectos, hay que reconocer que el plan político de Álvaro Uribe parece avanzar tal como lo había diseñado.
Estratégicamente está jugando a dos bandas: por un lado, con Abelardo, quien representa una apuesta más dura hacia la derecha; y por otro con Paloma Valencia, que participó en una consulta con la intención de absorber una parte importante del llamado “centro político”, representado allí por Enrique Peñalosa Oviedo. La estrategia parece buscar una imagen más moderada para llegar a una primera vuelta electoral con un discurso más amplio.
La consulta en la que participaron Paloma y Oviedo logró alrededor de 5.8 millones de votos, una votación considerable, comparable con los 5.8 millones que obtuvo el Pacto Histórico en la consulta de 2022. Hubiera sido interesante saber cuántos votos habría logrado esta vez una consulta de la izquierda en la que hubiera podido participar Iván Cepeda, pues habría sido un buen termómetro para medir fuerzas de cara a las presidenciales.
3. Los partidos tradicionales siguen perdiendo terreno.
Tal como lo mencioné en una columna anterior, los partidos tradicionales están perdiendo fuerza frente al auge de dos grandes bloques: el Pacto Histórico y el Centro Democrático.
El Partido Conservador, por ejemplo, perdió cinco curules en el Senado, quedando con apenas diez senadores. Esto parece ser consecuencia de su falta de claridad política. El caso más visible fue el de Efraín “Fincho” Cepeda, quien se proclamaba opositor mientras muchos cuestionaban su coherencia política.
El Partido de la U también perdió dos curules, aunque probablemente sobreviva gracias a sus cacicazgos regionales, como el del Valle del Cauca, donde la maquinaria política sigue siendo fuerte.
Cambio Radical tampoco se salvó: perdió cuatro curules, incluso con el respaldo de la estructura política de los Char en Barranquilla. Un ejemplo del desgaste del partido es que una de sus figuras más visibles, Lina Garrido, quien protagonizó confrontaciones mediáticas con el presidente, no alcanzó siquiera los 30 mil votos, quedando fuera del Congreso.
El partido tradicional que mejor resistió fue el Liberal, aunque también perdió una curul. Sus estructuras regionales lograron movilizar votantes con mayor eficacia. Sin embargo, es probable que con el tiempo enfrenten una reducción similar en su representación política. Muchos liberales socialdemócratas ya parecen estar entendiendo la nueva recomposición política del país y acercándose a sectores progresistas.
4. El Congreso tendrá luces y sombras. Lamentablemente, llegan al Congreso personajes con votaciones importantes como Jota Pe Hernández, Nadia Blel, Lidio García, Norma Hurtado y Enrique Gómez, quienes representan sectores bastante tradicionales y conservadores de la política colombiana.
Sin embargo, también hay noticias positivas. Congresistas como Miguel Polo Polo, que muchas veces utilizó el dolor de las víctimas para hacer política, no lograron llegar nuevamente al Congreso. Tampoco lo hizo Katherine Miranda, quien llegó al legislativo con un discurso progresista, pero terminó actuando en muchas ocasiones en sintonía con sectores de derecha.
En el caso de la curul afro, resulta positivo que haya sido ocupada por una persona que realmente representa a esa población.
5. El escenario presidencial empieza a tomar forma. Es claro que Pacto Histórico y Centro Democrático —representados políticamente por Petro y Uribe— siguen siendo los mayores electores del país. Tienen las bancadas más fuertes y, probablemente, los candidatos presidenciales con mayores posibilidades.
Es posible que en las próximas encuestas Paloma Valencia supere a Abelardo, lo que iría aclarando el panorama hacia una contienda que podría terminar siendo Iván Cepeda vs. Paloma Valencia. Sin embargo, en política nada está escrito y el escenario podría cambiar antes del 31 de mayo.
También vale la pena analizar las fórmulas vicepresidenciales. La de Abelardo, con José Manuel Restrepo, no parece sumar votos, pero busca dar una imagen técnica a su propuesta. La de Paloma intenta proyectar moderación, mientras que la de Cepeda parece enfocada en consolidar las bases políticas de la izquierda y enviar un mensaje claro: el liderazgo sigue estando dentro del Pacto.
No sabremos cuál de estas apuestas funcionará hasta el día de las elecciones.
6. Una izquierda por fuera del Pacto Histórico parece no tener futuro. El fracaso del Frente Amplio y de Fuerza Ciudadana parece demostrar que las fuerzas progresistas fragmentadas tienen pocas posibilidades de consolidarse electoralmente.
Alguien debería decirles a sus líderes que, si realmente quieren vocación de poder, deben apostar por la unidad del campo progresista.
Ni hablar de la derrota de Roy Barreras: su consulta no alcanzó los 600 mil votos y él personalmente obtuvo 257.037, lo que deja su candidatura prácticamente inviable. Algo similar ocurre con Claudia López, quien, aunque ganó su consulta, también sale debilitada políticamente.
Habrá que ver si Roy, Daniel Quintero, Clara López, el Caicedismo del Magdalena y otras vertientes progresistas comprenden el momento histórico y deciden unirse de cara a los próximos años.
Quiero cerrar esta columna, en la que analicé el tablero político que dejó el pasado domingo, con una reflexión sobre la importancia de tener posturas claras en la vida.
Como habrán notado, en ningún momento mencioné a Sergio Fajardo dentro de las conclusiones. Y no es casualidad. Él sigue hablando de una “mayoría silenciosa” que quizá nunca encontremos.
Después de mayo habrá que preguntarle: ¿esas mayorías silenciosas están en este cuarto con nosotros?
Porque en política hay momentos en los que la neutralidad no es una opción. No hay punto medio entre apoyar o condenar un genocidio. No hay punto medio entre la paz o la guerra.
Por eso, más que nunca, es importante informarse, conocer de dónde vienen los candidatos, cuáles han sido sus posturas —aunque algunos intenten ocultarlas— y votar con conciencia, pensando en qué proyecto de país beneficia realmente a las mayorías y no solo a unas pocas élites.
Marzo, 14 de 2026.













