Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.
No hay duda que son asuntos que más le duelen al ciudadano de a pié, la corrupción como un cáncer que nos agobia, que ha alcanzado todos los niveles, comprometiendo tanto al sector público como privado, fenómeno conocido como el uso indebido del poder que tienen las personas derivado de los empleos que desempeñan en el nivel gubernamental, obteniendo beneficios económicos para sí mismos o para terceros en sus diferentes variantes de peculado, concusión, cohecho, tráfico de influencias, gamas de delitos que a diario son tipificados por esas mafias incrustadas en la administración pública y sector privado, presentándose también en la justicia, dificultando su acción donde sobresalen la denegación de justicia y el retardo en sus decisiones generando incredulidad en las instituciones e inseguridad jurídica.
Se ha sostenido que la corrupción no solo se refiere a la violación de normas legales, sino que debe mirársele como un problema de transgresión de valores donde las leyes existentes proporcionan el marco de legalidad a los actos, pero no necesariamente el marco de justicia, erigiéndose como la actitud a valorativa o despreciativa de las normas y estándares de valores, afectando la condición fundamental de subsistencia moral y ética de una sociedad.
Ahora bien, en ninguna parte del planeta existe un gobierno de ángeles, pero se requiere con urgencia emprender campañas para tratar de conjurar a tiempo la desmoralización, el saqueo al erario, la guerra sucia, la indebida aplicación de la ley, una purga integral de ciertas instituciones y de funcionarios venales, buscando que esa corrupción a gran escala que golpea la estructura estatal, desaparezca, sancionada con rigor, si es que en verdad se busca consolidar la paz social.
Cuando una enfermedad no es combatida, tratada a su debido tiempo, la consecuencia es su agravamiento; de allí que se sostenga que este cáncer si no es sancionado con rigor por la justicia ordinaria, dejando de lado las condenas laxas, como la aplicación indebida del principio de oportunidad, para muchos principio de impunidad, se permea en el sentir popular la idea de su tolerancia, con incitaciones para su repetición, apelándose a la frase que “aquel que vive en la impunidad, vive en la legalidad,” significando que aquello que se trata como impune, tarde o temprano va revistiéndose con mantos de legalidad.
Es de confiar que en los nuevos paradigmas que han de correr por la administración de justicia, con decisiones públicas de cara a los asociados, con penas intra mural y no en las lujosas residencias adquiridas con los dineros mal habidos, con penalidades severas para los atracadores del erario, o empresas que hayan incurrido en delitos que atenten contra la transparencia y buenas prácticas en la ejecución de los contratos públicos e inhabilitadas ojalá de por vida.
Cierto es, los mayores problemas de la sociedad colombiana en el momento actual lo constituyen la corrupción, como la seguridad ciudadana, temas que debieran ser abordados con seriedad y altura académica por las personas que aspiran a obtener el favor popular.
Pareciera ser, que las palabras, honestidad, pudor, recato, transparencia, fueran expresiones del pasado.
ADENDA UNO. Un país agobiado por un orden público deteriorado, amplias zonas de la geografía nacional tomadas por la insurgencia, soldados de la patria secuestrados por unos pobladores disfrazados de campesinos, una clase política enredada en los acuerdos o alianzas para obtener votos que les permita continuar con los beneficios que les otorga la credencial parlamentaria, una reforma tributaria que traerá una cascada de impuestos que ahondará las penurias de esa masa de contribuyentes que deberá decidir, si paga los impuestos, o deja de cubrir sus necesidades básicas para la subsistencia propia y de su núcleo familiar, proyecto esperamos tenga la férrea oposición en el Congreso de la bancada liberal, por la naturaleza ideológica de dicha colectividad en la defensa de las clase menos favorecidas.
ADENDA DOS. A propósito, será que algún aspirante presidencial de los tantos que hay, nos expone algo sobre el tema JUSTICIA, su congestión, que se propone para que sea pronta y cumplida, como atacar la morosidad, mecanismos alternativos. No serà el momento de volver a discutir el tema de la cooptaciòn ante los enredos y disputas de la clase politica para seleccionar a los aspirantes a ocupar esas altas dignidades. Ojo con la Corte Constitucional.
*Exmagistrado.













