Opinion

HEGEMONÍA AYER Y HOY *

Hace poco escuchaba en la transmisión de la sesión de un concejo municipal de uno de los municipios de Caldas, la intervención de un pipiolo concejal, pichón de político, hablar sobre la coalición yepobarquista quien lo hacía con la seguridad de estar haciendo una magistral intervención, la que finalmente fue tan pobre que no mereció referencia alguna por parte de los demás corporados.

Traigo a relación este hecho para hablar de las hegemonías políticas que tanto terror causan en aquellos que no pertenecen a ellas.

En los albores del 2000, se reunieron en Manizales los blancos, los buenos muchachos, la gente buena, para conformar un frente cuya única motivación era el odio que compartían hacia la coalición yepobarquista.

En esa lucha sin cuartel, hubo bajas de lado y lado. Uno perdió la investidura, otros terminaron en la cárcel, y varios tuvieron que cargar con fama de ladrones y bandidos durante el resto de sus vidas. La calumnia fue la principal arma, el poder su objetivo.

En esa guerra fratricida, el gran perdedor fue el departamento. Unos avivatos, con el auspicio del gobierno nacional de turno, le regalaron la CHEC a los antioqueños con el solo propósito de quitarle el manejo burocrático a la contraparte.

Algunos recuerdan esas épocas hegemónicas yepobarquistas con terror, sin percatarse que actualmente está sucediendo exactamente lo mismo y en mayores proporciones.

Nos cuentan que en estos días un contratista público y activista político, ha estado ofreciendo cargos en la Secretaría de Educación departamental una vez el actual titular de la dependencia, Fabio Arias, renuncie. Léase bien, aún no se sabe si renuncia y ya están empeñando la gestión de su sucesor.

En los pasillos del Palacio Amarillo se dice que de renunciar el actual Secretario de Educación, esta secretaría le será entregada por el gobernador, Luis Carlos Velásquez, al sector político conocido como el lizcanismo, aumentándoles su jugosa cuota burocrática en la gobernación de Caldas.

No es de extrañar. Uno de los mejores jugadores, quizás el mejor, en el ajedrez político en Caldas es Mauricio Lizcano y el gobernador es uno se sus peones porque no alcanza siquiera para alfil.

Esta es la nueva hegemonía que maneja ahora al departamento de Caldas, más arrasadora, estratega y visionaria en política porque se prepararon académicamente en prestigiosos centros universitarios del país y del exterior.

En las elecciones pasadas el gran elector en Caldas fue el senador Lizcano, como sus súbditos aún lo llaman, no porque su grupo Gente en Movimiento hubiese sacado la mayor votación, sino porque en plata blanca eligió dos representantes a la cámara y un senador. Veamos. A la cámara de representantes llegaron Wilder Escobar el hombre de sus entrañas, llegado a las filas lizcanistas de la coalición yepobarquista y el ungido para llevar la representación parlamentario de esta agrupación política; y Santiago Osorio quien figura como del Pacto Histórico – Alianza Verde pero su campaña y estrategia para conseguir el aval fue obra de Mauricio Lizcano. Al senado salió electo Guido Echeverri, el exgobernador, también antiguo militante de la coalición yepobarquista, quien nunca acabará de pagar el favorcito de no haberlo dejado tumbar por segunda vez cuando fue gobernador entre el 2015 y el 2019. Está empeñado de por vida.

Y como si esto fuera poco, sumemos al alcalde de Manizales, Carlos Mario Marín, 12 alcaldes más de municipios caldenses quienes son otros peones; los gerentes de los hospitales departamentales y la burocracia de entidades nacionales en el departamento. Esto también es una hegemonía.

La diferencia entre la hegemonía yepobarquista y la lizcanista es que en la primera existía la repartición milimétrica entre los socios, en la segunda todo es para ellos.

Según un análisis hecho por un centro de estudios de Manizales, el 70% de la nómina de la gobernación de Caldas incluyendo contratistas especialmente, son de militancia lizcanista.

El panorama político en Caldas no es nada alentador. Las posibilidades de los grupos distintos a esta hegemonía son muy remotas. El liberalismo está herido de muerte con los escándalos del senador Mario Castaño y sus secuaces, verdades que eran secretos a voces. Juan Sebastián Gómez es un flojo que solo es valiente manipulando las redes sociales para sus intereses. Le falta perrenque, berraquera y Salamanca no presta lo que natura no da. Salió electo producto de una colcha de retazos armada con jefes políticos en decadencia reciclados de otros grupos; y los conservadores se enseñaron a vivir como parásitos del gobierno de turno.

Esta es la realidad de la política caldense, así que ni se asusten ni se sonrojen.

* Por: El Tábano.

 

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