Opinion

“Yankee go home!” (I)

Por: Mario Arias Gómez.

Lo que el tres de noviembre decidan los norteamericanos, repercutirá, influenciará al mundo, lo que aguijonea a este humilde aplasta-teclas a diagnosticar, escudriñar, cotejar su alcance, las consecuencias que sobrevendrán respecto al trascendental evento.

En mi añoso paso por la Universidad era habitual referirse a los desgarbados, desabridos ‘cara-pálidas’ -sinónimo de ‘demonio’-, como ver las paredes y piedras todas del país pintarrajeadas con el grafiti: “Yankee go home!”; malqueriente eslogan endilgado por la izquierda romántica de entonces, opuesta al sistema representado por la primera potencia económica; el país más rico y desarrollado del planeta; con el ejército más poderoso, que le roncaba a Rusia.

Hasta hace cuatro años, quién fuera el inquilino de la Casa Blanca, ejercía una indiscutida supremacía en asuntos comerciales, militares, diplomáticos y político-estratégicos, puestos en entredicho por la imbecilización del caótico, huracanado, Trump, cuya derrota o victoria -peligro que acecha y que más vale no suceda-, tendrá que ver con la visión que a futuro tenga la sociedad de sí misma.

“Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería”. Añádase que el burlesco, explosivo, impredecible, omnipresente bufón, anunció que no aceptará nada distinto de su propia victoria. ‘Triunfo’ que hincharía la tirantez global, especialmente entre China, Rusia, Irán y otros ‘soles’ menores; que a la larga resultará insostenible. Eventualidad nada descartable, al recordarse que al “Frankenstein”, nadie le daba probabilidad alguna frente a Hillary. Recordación que conduce al ridiculizado -hasta la saciedad-, George W. Bush, quien consiguió revalidar su mandato hasta 2009.

Ante la imagen del inestable rufián -un aventurero desesperado-, como ante el inaceptable submundo del engaño, en que la aletargada sociedad al parecer perdió su capacidad de asombro, acude en mi ayuda un expresivo verso esculpido en la memoria, de Luis Cernuda -un rebelde solitario-: “el viento del olvido, que cuando sopla, mata”, aunque ayuda -a veces- a sanarlas. Decía Kierkegaard: “La historia se escribe hacia atrás, pero se escribe hacia adelante”. O se asimila, -sigo con Cernuda- o el olvido soplará de modo mortal cual “memoria de una piedra sepultada entre ortigas sobre la cual el viento escapa a sus insomnios“.

El hegemónico, intratable, irresponsable, peligroso Trump, con su retórica fascista, como el íntegro, Joe Biden, representan las alternativas más veteranas en la historia de EE. UU., como un modelo moral o ideológico opuestos entre sí; en la que ambos vicepresidentes tendrán grandes posibilidades de asumir el mando, más que en cualquier otra época. Con Harris se entrevé un aire lleno de esperanza, optimismo.

El discurso político en la gran fortaleza, ha sido revolucionado por los laboratorios de ideas; atrás quedó la elocuente proclama que, en 1961, pronunció Kennedy al asumir la investidura: “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”, frente a un Trump, pesadilla a quien las formas y buenas maneras le importan un pepino, con verdulero lenguaje, se propuso  caldear los ánimos, azuzar los odios partidistas, revertir el discurso dominante del establishment.

No es entendible que haya alguien capaz -falto de sentido, que se quede en las formas y no vea el fondo- de votar por un ser tan despreciable, intemperante, irrespetuoso, rudo en los modos, como Trump, contrario a los hieráticos intereses del americano, del mundo. Parafraseando la citada frase de Kennedy, los electores debieran preguntarse: ¿qué pueden hacer por la nación, en lugar de qué deben esperar del Estado?; momento que demanda votar masivamente para acabar con el desvarío supremacista blanco, protagonizado por el falaz, lastimero payaso, que causa pábulo.

Mentiroso compulsivo, a quien ‘The Washington Post’, que minuciosamente ha seguido sus afirmaciones, ha contabilizado una media de 22 mentiras al día, unas 20.000 en lo que va de la presidencia. No tuvo empacho en ocultar la existencia y el progreso de la pandemia de covid-19, lo cual tuvo efectos trágicos, contabilizados por decenas de miles de muertes evitables, si hubiera actuado oportunamente.

Ucronías y utopías -sin fin- de los gimientes negros, inmigrantes en general, latinos en particular, perseguidos por hordas de anónimos, brutales kingkones, excesos policiales, idénticos a los de las victimizadas fuerzas colombianas, estimuladas por el presidente Duque, otra desvergonzada, impresentable, monocorde caricatura de estadista; cobarde marioneta que intentó, torpemente, con su enrevesado, insustancial, irracional discurso, lleno de incordios, reñidos con la ley, la verdad, como ocultar el bombardeo de los ocho menores en el Caquetá, repetido con el horrendo, indignante y terrible asesinato del estudiante, Javier Ordóñez.

Bogotá, D. C. 14 de octubre de 2020

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