Opinion

$ 5.791.811.886 RAZONES

EDITORIAL

Día a día aumentan las voces que piden a gritos la desaparición o una reforma al funcionamiento de las Asambleas Departamentales, y se conviertan en cuerpos colegiados con funciones específicas que sirvan de verdadera Junta Directiva al gobernador.

Razones no le faltan a quienes pretenden estas reformas y son los mismos honorables diputados de todas las asambleas del país, quienes con sus actuaciones suman y suman argumentos a sus detractores.

Algunos diputados se convirtieron en lagartos de profesión, en una especie de extorsionistas a los gobernadores, y han desarrollado un apetito voraz por puestos y contratos. Se pelean las ponencias de proyectos de ordenanza importantes para el gobernador porque con ello lo chantajean para obtener prebendas. Su modus operandi es elaborar inicialmente ponencias negativas para luego cambiarlas una vez consigan su cometido.

Al interior de algunas dumas departamentales, existe tráfico de influencias para la adjudicación de ponencias por parte de la Presidencia de turno. Se hace por amiguismo o por interés con la condición de que el ponente partirá con él lo que logre conseguir de la presión al gobierno departamental.

Y lo más grave, son los gobernadores que ceden ante estas presiones convirtiéndose en prisioneros de unos diputados inescrupulosos con agenda propia, muy diferente a los intereses de departamento.

En materia de control político pasa exactamente igual. Solo se citan a los funcionarios a quienes haya que apretar y así cedan a las pretensiones de uno u otro diputado. A los miembros del gabinete amigos de la presidencia no se les aplica esta figura.

Una facultad de las Asambleas Departamentales es la moción de censura a los Secretarios de Despacho, herramienta que no utilizan los diputados; y no faltan los departamentos en donde los diputados no evacuan todos los proyectos durante sus períodos de sesiones para obligar al gobernador a convocarlos a extraordinarias y por lo tanto aumentar sus ingresos.

En enero de 2016 el periódico El Nuevo Siglo hizo una encuesta con los gobernadores sobre las asambleas, y todos coincidieron que se deben reformar para darles funciones mucho más acordes con lo que exige una democracia más moderna.

En cuanto a participación democrática en las urnas, debido a su poca visibilidad y operatividad, las asambleas obtienen la menor votación en las elecciones para autoridades locales. Un alto porcentaje de los colombianos no conocen las funciones de las dumas departamentales como quedó demostrado en una encuesta del periódico El Tiempo en julio de 2019 en la que el 82 por ciento de los encuestados no sabía qué hacen estos servidores y cuáles son específicamente sus funciones en estas corporaciones.

Desde el punto de vista político, hay voces críticas sobre los alcances de estos servidores elegidos con voto popular. El exministro Jaime Castro, por ejemplo, afirmó al periódico El Tiempo que “su importancia en el mundo político” es que “son dueños de clientelas electorales y manejan votos en los departamentos. “No tienen funciones de trascendencia para el departamento y desde ese punto de vista son unas piezas anacrónicas que solo llegarían a tener un peso real si se crearan las regiones (…).

En un acto de responsabilidad y seriedad, las mismas Asambleas deberían elaborar estudios y presentar propuestas al Congreso para ser reformadas y modernizadas. Por ejemplo, las ponencias de proyectos de ordenanza deberían ser asignadas a todos los diputados siguiendo determinado orden. Esto acabaría con el poder del bolígrafo del Presidente y de la asignación amañada de ponentes.

Colombia tiene 32 asambleas departamentales y 418 diputados, 14 caldenses, lo que le representa al erario cientos de miles de millones de pesos, casi 300 mil millones, que se podrían destinar a salud y educación. El presupuesto de la de Caldas es de $ 5.791.811.886,00 pesos para el año 2020.

Pensilvania, 02 agosto 2020.

Lo más visto

Subir