Opinion

LIBERTAD

Por: Hernando Arango Monedero, Ingeniero y abogado, empresario, exrepresentante a la cámara, exalcalde de Manizales y Director General del SENA.

26 abril 2019

“Las armas os darán la independencia, las leyes os darán la libertad”. Esta frase del general Santander cobra especial significado en los días que estamos viviendo, por lo que es necesario tenerla presente y buscar que la misma se cumpla para que la independencia y la libertad no se vean truncas por causa de nuestras acciones.

Y, para la época, fueron las armas las que nos dieron la independencia, no cabe duda y las mismas armas, menos de medio siglo después, diría, nos quitaron la supuesta independencia, como quiera que las armas han servido entre nosotros para crear nuevas formas de esclavitud; esclavitud derivada de la obligatoriedad de obedecer los dictámenes de quienes las portan so pena de perder la vida, luego de pasar con ellas por sobre los bienes y los seres queridos. Ese ha sido el trasegar de nuestra historia unido a nuestra creencia de que las ideas no bastan para llevar a nuestra nación por el camino de la paz y del progreso, dado que la paz siempre ha sido una construcción absolutamente subjetiva y acomodada al querer de quien, haciendo uso de las armas, cree construirla de una mejor manera.

Así, la segunda mitad del siglo XIX fue de luchas fratricidas sin fin. Un asomo de paz del final de ese siglo fue sólo para que al inicio de un nuevo siglo lo saludáramos con una guerra. Los siguientes años se constituyeron en una calma que acumulaba lo que, luego, se convertiría en revanchas por los excesos de unos y otros. Excesos que llegan hasta nuestros días y que nos ratifican que la anhelada independencia es aún un estado indefinido para los colombianos, como quiera que las armas continúan subyugando colombianos, unas veces en una región, otras veces en lugar distinto, pero cumpliendo el mismo cometido. Haciendo esclavos y sometiendo comunidades.

Ahora, en lo tocante con las leyes, parece que vamos por el mismo camino que históricamente traemos con la independencia. De esa manera, las leyes las elaboramos para hacer de ellas lo que en su momento nos conviene, sin pensar que la ley debe buscar el bienestar y mejor devenir para la comunidad. Desde luego que también construimos leyes para salvar problemas que creemos pueden ser solucionados con sólo establecer una ley o darle más rigor a otra. Eso nos basta, y así creemos, que el problema en cuestión desaparecerá con la pretendida disposición. Y la ley, sin pensarlo muchas veces, también se acomoda en el campo de la hermenéutica. De allí que, en la interpretación de la ley se crea Derecho y en ese crear Derecho en manos de nuestros jurisconsultos y altos magistrados, se borra con el codo lo que se hizo con la mano.

En ese campo, los ejemplos de los últimos años son más que dicientes. No hace mucho, se llamó a un plebiscito para que los colombianos manifestáramos nuestra aquiescencia o no con el Acuerdo al que llegaron el gobierno y las FARC. El resultado mayoritario de la consulta fue que los ciudadanos no aprobábamos tal Acuerdo. Tal resultado fue cambiado sin más y sin menos por el Congreso, integrado por quienes dicen ser representantes del pueblo que había votado negativamente días antes. Desde luego que la constitucionalidad de tal cambio, fue abalada por quienes tienen por misión hacer respetar la Constitución; Constitución que no es otra cosa que el mandato de ese pueblo al que le burlaron su decisión de no aprobar el Acuerdo. Lo correcto habría sido hacer los cambios que se estimaba debían hacerse y nuevamente citar a consulta al pueblo para que fuera ese mismo pueblo quien decidiera sobre la aprobación o no al nuevo Acuerdo. Hoy, sin abandonar nuestra costumbre, nos encontramos con que la violación de una ley por parte de un destacado ciudadano, puede ser salvada por tratarse de tan digno ciudadano. Quizás, de esta manera, ratificamos que la ley definitivamente no logra aún darnos la libertad. Y la libertad, en la sentencia de Santander, estriba en la certeza que nos tiene que acompañar de que la ley nos obliga a todos por igual y por sobre las condiciones que en un momento dado puedan darse. Razón tenían los romanos cuando establecieron el axioma. “Dura Lex Sed Lex”, que no es otra cosa que “Dura es la Ley, pero es la Ley. Sólo así podemos aspirar a la libertad.

¿Cuándo lo entenderemos?

Manizales, abril 22 de 2019.

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