Opinion

LECCIONES DEL VIRUS

Por: Hernando Arango Monedero, empresario, ingeniero y abogado. Se desempeñó como Representante a la Cámara, Alcalde de Manizales y Director General del SENA.

Estamos ante otra epidemia; la epidemia de los clarividentes del tal virus. Los Nostradamus de esta época, los que nos están mostrando a la mayoría de los mortales que carecemos conocimientos de infectología o virología, estadísticas de contaminación y propagación de plagas o de economía de avanzada, lo que en el inmediato futuro se sucederá, y presagiar, con cifras en mano verdaderamente sustentadas, que les permiten definir que el PIB caerá al X%, que el empleo otro tanto, todo con datos que no se sabe de dónde diablos se traen para plasmar sus conceptos con la precisión con la que nos los muestran. A lo mejor tienen la clarividencia del de los versos del siglo XVI. Bueno, hay que pensar que les asisten razones y elementos suficientes para lo que dicen como resultado de su sapiencia.

Y entonces, hay que pensar también que tenemos una verdadera epidemia de futurología, porque para otros, supongo que son los expertos en ciencia política, quienes nos hablan de que la democracia perecerá como la tenemos concebida, y que estamos ante el dilema de democracia o totalitarismo. Totalitarismo expresado como el completo dominio sobre la libertad de los seres humanos, puesto que el Estado conocerá de los movimientos y pensamientos de los asociados, lo que en términos comunes significa que estaremos en poder y al servicio de alguien que manejará las cosas, y a nosotros, como a marionetas. Paralelamente, se nos presagia que tendremos un cambio radical en el comportamiento social, valga decir, no seremos los mismos después de esta pandemia.

Fuere lo que fuere y resultaren como resultaren las cosas, lo cierto es que durante un tiempo tendremos en el recuerdo lo que en esta época nos tocó vivir como sociedad. Luego, nos olvidaremos del asunto y sólo algunos en el campo de los científicos tendrán en cuenta lo sucedido para escribir sus predicciones sobre la posibilidad de que la humanidad enfrente otra situación similar o más grave en el futuro. Esto lo digo porque a mis padres les tocó vivir, y si bien no padecer, la famosa Gripa Española de 1.918, y de esa pandemia nunca me contaron. Esto significa que, como siempre sucede, los eventos en nuestras vidas nos impactan en el momento, pero, a no mucho de andar, las cosas se olvidan o se asimilan, y dejan de marcar a las sociedades. Esto sucede con todo en nuestra existencia.

Lo cierto es que de esta época debemos destacar que, como sociedades integradas por el intercambio comercial, por la cooperación en el desarrollo tecnológico y por las coincidencias ideológicas, resultamos a la hora de nona haciendo exactamente lo contrario. Ya lo vimos. Vemos de qué manera los chinos, según se dice, actuaron irresponsablemente frente al mundo cuando el virus se les salió de las manos. De allí para acá, en Europa, algunos países controlaron y en veces impidieron la salida de sus territorios de equipos médicos que se requerían con urgencia en otros. Los gobernantes actuaron como ruedas sueltas y sin coordinación alguna que permitiera enfrentar el mal de manera estructurada. Esa misma forma de proceder se ha repetido en todos los países y también los líderes de las comunidades más pequeñas se apropiaron de sus parcelas para actuar conforme a su saber, generalmente no muy estructurado, y proceder como a bien tuvieron sin que importara lo que en sus cercanías se hacía o pasaba.

Los técnicos y conocedores de estas materias, cada uno en el ámbito de sus conocimientos, han priorizado su campo sin atender lo que en otros ámbitos se sucede. Así, el epidemiólogo ignora al economista y el político tira para el lado que le conviene, buscando cada uno réditos a como dé lugar. Quizás esa sea una de las enseñanzas que nos puede dejar esta Peste; Peste de los individualismos a extremo, y sobre lo que la humanidad tendrá que trabajar denodadamente para enseñar a las nuevas generaciones cómo actuar mañana ante otra catástrofe como la que hoy vivimos.

Así, en la educación habrá que hacer énfasis en la Urbanidad, la Historia y la Cívica, en donde estará la clave para que las generaciones futuras tengan un mejor sentido de cómo asumir los nuevos retos que se tendrán. Urbanidad, como la forma de comportarnos con los demás en donde, a más de las buenas maneras, se infunda la solidaridad y la observancia del bien común. Historia, como el conocimiento de lo que como sociedad hemos debido trasegar a través de la existencia y las lecciones que de ese pasado se derivan. Cívica, como el conocimiento claro y preciso de cómo está estructurado el Estado y de cómo las leyes están establecidas para lograr la armonía social y la justicia. Todo esto, lo hemos olvidado hasta hoy.

Manizales, abril del año de la Peste.

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