Opinion

Caldas tiene obras en el horizonte, pero ¿Dónde están los proyectos para el campo?

Antonio Corrales Giraldo

Por: Antonio Corrales Giraldo.

El desarrollo agropecuario del departamento de Caldas ha obedecido más a la iniciativa y al esfuerzo de los productores que a la existencia de grandes propuestas gubernamentales para transformar y fortalecer este sector.

La verdad es que tenemos una Secretaría de Agricultura que parece estar en el patio de atrás de las prioridades departamentales. Para 2026, la Asamblea Departamental de Caldas aprobó un presupuesto cercano a los $1,5 billones, de los cuales alrededor de $6.000 millones fueron destinados a la Secretaría de Agricultura. Esto representa aproximadamente el 0,4 % del presupuesto departamental.

Estas cifras deberían llevarnos a una reflexión: ¿qué tan importante es realmente el sector agropecuario para Caldas?

El campo suele ser protagonista durante las campañas políticas. Se habla de los campesinos, de la seguridad alimentaria, de la generación de empleo rural y de la necesidad de apoyar al productor. Pero una vez los gobernantes llegan a sus cargos, muchas veces la realidad termina contando otra historia.

Y mientras tanto, nuestros agricultores siguen haciendo lo que saben hacer: producir, asumir riesgos, invertir sus propios recursos y enfrentar mercados cambiantes, altos costos de producción, dificultades de mano de obra y los efectos cada vez más evidentes del cambio climático.

Nos faltan grandes proyectos agropecuarios

Caldas necesita formular y desarrollar grandes proyectos productivos para el campo, pero no cualquier proyecto.

Necesitamos iniciativas técnicamente bien concebidas, económicamente viables, socialmente incluyentes y ambientalmente sostenibles; proyectos capaces de generar empleo en las zonas rurales, dinamizar las economías locales, atraer inversión y mejorar las condiciones de vida de nuestros habitantes.

Un proyecto agropecuario exitoso debería partir, como mínimo, de varias condiciones fundamentales:

Primero: que sea técnicamente posible, de acuerdo con la oferta ambiental, la disponibilidad de agua, los suelos, el clima y la tecnología competitiva disponible.

Segundo: que exista un mercado claro para lo que se pretende producir. No podemos seguir produciendo primero para después preguntarnos dónde vamos a vender.

Tercero: que sea rentable, con estudios financieros serios que incorporen costos, ingresos, riesgos, sensibilidad frente a los precios y capacidad de recuperación de la inversión.

Cuarto: que contemple todos los aspectos legales, empresariales y organizacionales necesarios para garantizar su funcionamiento.

Quinto: que sea ambiental y socialmente sostenible, porque el desarrollo rural del futuro no puede hacerse destruyendo los recursos naturales ni excluyendo a las comunidades.

Y, por supuesto, estos proyectos requieren acompañamiento institucional. El Estado no necesariamente tiene que hacerlo todo, pero sí debe ayudar a identificar oportunidades, estructurar proyectos, facilitar la financiación, gestionar alianzas y acompañar su implementación.

Aerocafé: una oportunidad que debemos aprovechar

En nuestro entorno tenemos un proyecto estratégico como Aerocafé, en el municipio de Palestina, concebido como una infraestructura para mejorar la conectividad del Eje Cafetero y generar nuevas oportunidades económicas, turísticas y logísticas para la región.

Un aeropuerto puede convertirse en una plataforma para mejorar la competitividad de un territorio.

Pero, ¿Dónde están los proyectos agropecuarios productivos que deberían crecer alrededor de esta infraestructura?

Si vamos a contar con una plataforma aeroportuaria de alcance internacional, deberíamos estar pensando desde ahora en qué productos agrícolas y agroindustriales de Caldas podrían llegar a nuevos mercados.

La experiencia colombiana demuestra que la producción agropecuaria de alto valor puede articularse exitosamente con la infraestructura aeroportuaria. El caso de las flores es un buen ejemplo. La floricultura colombiana se desarrolló alrededor de importantes corredores logísticos y aeroportuarios, especialmente en la Sabana de Bogotá, y hoy sus productos llegan a numerosos mercados internacionales.

Esto demuestra que infraestructura y producción deben planificarse conjuntamente.

Entonces, Si estamos construyendo un aeropuerto, ¿qué proyectos agropecuarios y agroindustriales estamos estructurando para aprovecharlo?

¿Flores? ¿Frutas tropicales? ¿Hortalizas de alto valor? ¿Productos transformados? ¿Otros cultivos con posibilidades de exportación?

No estoy diciendo que debamos copiar modelos de otras regiones. Estoy planteando que debemos estudiar qué podemos producir competitivamente en Caldas, dónde producirlo, quién lo produciría, cuánto costaría, dónde estaría el mercado y cómo lo sacaríamos desde nuestras fincas hasta los consumidores nacionales o internacionales.

El campo debe conectarse con las grandes obras

Lo mismo debería ocurrir alrededor de otros proyectos estratégicos del departamento y de la región.

Pienso, por ejemplo, en el corredor logístico y agroindustrial del kilómetro 41, en las posibilidades de integración que puede ofrecer el tren del Café, especialmente si desarrolla una vocación de carga, y en todas aquellas inversiones de infraestructura que pueden modificar la logística y la competitividad regional.

¿Dónde están los proyectos productivos que deberían aprovechar esas oportunidades?

Podríamos estar hablando de frutas, piña u otros productos con potencial para mercados nacionales e internacionales; de cadenas de transformación agroindustrial; de centros de acopio, clasificación, refrigeración y empaque; de industrias que agreguen valor a nuestra producción.

Pero para que esto ocurra necesitamos algo que hoy hace falta: proyectos.

Proyectos estudiados, estructurados, financiables y con responsables concretos.

No basta con decir que Caldas es un departamento agrícola. Hay que demostrarlo con inversión, innovación, planificación y resultados.

Es hora de cambiar la manera de mirar el campo

Caldas tiene productores capaces, tierras con posibilidades, una posición geográfica estratégica, tradición agrícola, talento humano y una infraestructura que puede mejorar sustancialmente su conectividad.

Lo que necesitamos es conectar todas esas piezas. El aeropuerto con el campo. El tren con la producción. La logística con la agroindustria. La investigación con el productor. La inversión pública con la privada.

Y, sobre todo, la política pública con proyectos concretos.Nuestra institucionalidad departamental está en mora de ser más proactiva y creativa. La Secretaría de Agricultura no debería limitarse a administrar pequeños programas o atender las necesidades coyunturales del sector. Tiene que asumir el reto de pensar el campo de Caldas a 10, 20 y 30 años y comenzar a estructurar desde ahora los proyectos que necesitamos para hacerlo competitivo.

No podemos construir grandes obras de infraestructura y dejar que el campo las mire pasar.

Pero eso solo ocurrirá si tenemos proyectos productivos que sepan aprovecharlos.

Caldas no necesita únicamente más infraestructura para el campo. Necesita una visión de desarrollo agropecuario capaz de convertir esa infraestructura en empleo, inversión, producción y oportunidades para nuestros campesinos.

El gran desafío no es solamente construir las obras.

El verdadero desafío es tener listo el campo para aprovecharlas.

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