Opinion

ESPERAR

EDITORIAL

Era el primer día hábil de su gobierno, y aún no había empezado la jornada laboral, cuando un devastador terremoto sacude a varios departamentos del occidente colombiano. Empezaba la era del presidente Abelardo de La Espriella.

Por obvias razones, el nuevo gobierno aún no tenía la experticia necesaria para afrontar esta repentina emergencia. Ni siquiera se habían nombrado a los respectivos funcionarios encargados de la atención de desastres.

No obstante, todo lo anterior, el presidente De La Espriella reaccionó inmediatamente con una estrategia de acompañamiento y de presencia permanente del alto gobierno en las áreas de desastre.

Abelardo de La Espriella se dirigió a Quibdó, el vicepresidente José Manuel Restrepo a Manizales, el ministro del interior Rodrigo Lara a Pereira, la ministras Ana María Vesga de Salud y Elsa Noguera de Transporte, y el ministro de defensa Jorge Mora a Cali. Luego el presidente visitó a cada una de las capitales afectadas y a otros municipios. Después lo hizo el ministro de vivienda, Jaime Andrés Beltrán.

El tiempo dirá si los anuncios hechos por estos altos funcionarios se convierten en realidad. Lo único cierto es que este acompañamiento en el momento preciso, cuando se necesitaba, ha sido muy significativo e importante para todos los habitantes de estas regiones en calamidad pública. Se ha sentido la presencia del Estado. Ello está muy bien.

Lo que no está bien, es lo sucedido en las regiones donde algunos avivatos, que nunca faltan, han aprovechado esta tragedia para hacer politiquería y salir en redes sociales a posar al lado de los damnificados o las víctimas, o a estar detrás de los gobernantes y autoridades competentes, metidos estorbando donde no los han llamado. Otros oportunistas atacan a los gobernantes que no son de sus afectos para criticarlos por una u otra razón como si tuvieran una varita mágica para solucionar toda esta problemática de la noche a la mañana. Está muy mal aprovechar la desgracia de los demás para sacar provecho personal o político.

Lo que viene no será fácil para el gobierno nacional porque costará mucho dinero y se necesitarán varios años para recuperar las regiones devastadas por el terremoto. Sin embargo, hay una luz de esperanza porque se ha unido el país en torno a la solidaridad, y han sabido buscar y lograr cuantiosos recursos de la empresa privada y gobiernos extranjeros. Si todas estas ayudas se manejan con transparencia, se logrará el objetivo.

El gobierno de Abelardo de La Espriella apenas empieza y no le ha tocado fácil por este fenómeno imprevisible de la naturaleza. Se debe de dar un compás de espera para empezar a calificar.

Manizales, agosto 16 de 2026.

Lo más visto

To Top