Opinion

HACIENDO BOBADAS

EDITORIAL

El Partido Conservador abrió investigación interna y le suspendió la voz y el voto al representante a la Cámara, Fernando Niño, porque anunció que respaldará la candidatura presidencial de Iván Cepeda, decisión que va en contravía de la mayoría que decidió apoyar a Paloma Valencia.

El partido de La U anuncio su apoyo a Paloma Valencia, no obstante el senador, Antonio Correa Jiménez, apoyará a Iván Cepeda. Se anuncian investigaciones internas.

El partido liberal apoyará a Paloma Valencia, sin embargo, 10 representantes a la Cámara, y la mayoría de los líderes del Tolima anunciaron su adhesión a la campaña de Iván Cepeda, lo mismo que el expresidente Ernesto Samper y el exsenador y exministro, Juan Fernando Cristo.

El partido Alianza Verde anunció su apoyo a Iván Cepeda y una buena parte de sus dirigentes se separaron de esta decisión y de la colectividad.

El partido Cambio Radical dejó en libertad a su militancia. Unos apoyarán a Paloma Valencia otros a Abelardo de La Espriella.

Ninguno de estos partidos políticos mencionados tiene candidato propio para la presidencia de la república en las elecciones que se avecinan, ni se conoce pacto o acuerdo de coalición con alguno de los candidatos actuales.

Así no es, a las malas no funciona. Los sancionados e investigados y por su desobediencia, y sus seguidores, trabajarán con más ahínco por el candidato de su preferencia.

Los casos mencionados son apenas algunos que marcan el desorden en las decisiones de los partidos en materia de respaldos para la elección presidencial. No hay unanimidad y las directivas quieren mantener a su militancia amarrada y obligada de acuerdo con sus intereses.

En casos como estos es cuando se añora una reforma política que incluya el transfuguismo. En Colombia cambiarse de nombre o apellido, divorciarse o disolver una empresa, es más fácil que cambiar de partido político. Eso es violatorio de las libertades individuales. ¿Por qué se debe de permanecer obligado donde no se quiere?

Los momentos pasan las circunstancias cambian. Si una persona se sentía cómoda en un partido político, ello puede cambiar por diferentes factores, y el individuo o militante debe de tener la libertad para emigrar hacia otras organizaciones que llenen sus expectativas.

Los partidos en Colombia no fueron capaces de democratizarse. La conformación de listas y el otorgamiento de avales se sigue haciendo en forma caprichosa por parte de las directivas. En muchos casos no se privilegia la militancia y estas organizaciones se convirtieron en patrimonio de una dirigencia política regional que quita y pone a su antojo. Ello ha llevado a la crisis institucional y a la intención de deserción de muchos. Abran las puertas y verán a miles emigrar hacia otros lados.

Unos partidos con dirigencias obsoletas y desgastadas como las de César Gaviria y Efraín Cepeda, no son capaces de interpretar ni de percatarse de las nuevas realidades políticas por las que atraviesa el país y la única forma de hacer sentir su autoridad, es obligando y presionando.

Con estas decisiones autoritarias en esta campaña electoral para la presidencia de la república, están corriendo el riesgo de que, se repita la historia de Venezuela en 1998 cuando todos los partidos tradicionales se unieron en contra de Hugo Chávez, y terminó este derrotándolos estruendosamente. El resto de la historia ya la conocemos.

Sigan haciendo bobadas, y se llevarán una sorpresa. Después no se quejen.

Manizales, abril 19 de 2026.

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