Por: Jaime Alberto Restrepo Manotas – MdAbg y PhD – Experto en alta dirección del Estado y alta gerencia en gestión – IA consultor.
Desde la perspectiva geopolítica y de alta dirección del Estado, el gobierno de Gustavo Petro presenta un panorama complejo y polarizado, con retos significativos en seguridad, economía y diplomacia, que afectan la efectividad y predictibilidad de sus políticas.
Expertos politólogos y economistas coinciden en que, tras tres años de gestión, Petro ha enfrentado grandes obstáculos para consolidar sus reformas sociales y económicas debido a la fragmentación política en el Congreso, la alta rotación ministerial (56 cambios), y la fuerte oposición interna y externa. En seguridad y paz, el avance ha sido limitado frente a la persistente violencia de grupos armados ilegales, cultivos ilícitos (260,000 hectáreas) y un alto número de homicidios (6,642 en lo que va del año). Esto afecta la estabilidad interna y la gobernabilidad.
Económicamente, aunque Petro destaca logros como reducción de pobreza a 28.3% y crecimiento agrícola del 10.4% (similar a China), también enfrenta preocupaciones sobre la viabilidad fiscal del país. El Ministerio de Hacienda ha declarado que la política fiscal está bajo presión y que existe riesgo sobre la sostenibilidad macroeconómica dada la ampliación del déficit proyectado para 2025 (7.1% del PIB). La oposición y analistas alertan sobre la posible inestabilidad financiera si el gobierno mantiene su política de gasto y enfrenta resistencia para aprobar reformas tributarias.
En la esfera internacional, Colombia bajo Petro ha asumido posiciones fuertes y a veces controvertidas en política exterior, como la reanudación de relaciones con Venezuela y posturas firmes en temas como Israel-Palestina, lo que ha generado tensiones con Estados Unidos y países vecinos, afectando la imagen externa y las alianzas estratégicas. En comparación con América Latina y potencias como EE. UU. y algunas naciones asiáticas, donde la gobernabilidad y estabilidad institucional suelen ser mayores, Colombia se encuentra en un proceso de fortalecimiento estatal con retos estructurales significativos.
Las encuestas reflejan una baja aprobación ciudadana hacia el gobierno (entre 33% y 37%) y un aumento de la desaprobación, vinculada a la percepción de inseguridad, economía y la calidad de servicios públicos, principalmente salud y justicia, que enfrentan crisis.
Para el futuro inmediato y la predictibilidad, el panorama indica un desafío mayor en el último año de mandato de Petro, marcado por:
– La necesidad de mantener el orden interno frente a la violencia mientras avanza la época electoral.
– Sostener las reformas estructurales en salud, laboral y pensiones en un Congreso fragmentado.
– Preservar la estabilidad macroeconómica, gestionando el déficit y estimulando la inversión en un contexto de transición energética.
– Navegar las relaciones diplomáticas tensas y posicionar a Colombia en un entorno geopolítico regional complejo.
En síntesis, desde la alta dirección del Estado y la geopolítica, el gobierno Petro muestra una efectividad limitada debido a tensiones internas, resistencias estructurales y retos fiscales, con un futuro de gestión condicionado a negociaciones políticas y capacidad de mediación en conflictos internos y externos. Comparativamente, aunque Colombia tiene un potencial estratégico importante, la consolidación de un Estado fuerte y productivo está en disputa frente a realidades complejas propias del contexto latinoamericano y global.
En la última fase del gobierno de Gustavo Petro, los principales desafíos económicos y fiscales se centran en la sostenibilidad del déficit fiscal, la aprobación de reformas clave y la estabilidad macroeconómica en un contexto complejo.
Entre los retos fiscales más importantes está un déficit fiscal récord, proyectado por encima del 7% del PIB para 2025, producto de gastos públicos significativamente superiores a los ingresos estatales. El gobierno presenta un presupuesto histórico para 2026, cercano a $556 billones, que requiere una reforma tributaria para captar alrededor de $26 billones adicionales. Sin embargo, la dificultad para aprobar estas reformas en el Congreso, evidenciada con el hundimiento de la Ley de Financiamiento anterior, crea incertidumbre respecto a la financiación y la viabilidad del gasto público proyectado.
El Ministerio de Hacienda proyecta un déficit fiscal total del Gobierno Nacional Central de alrededor del 5.1% del PIB para 2025, después de que en 2024 el déficit se deterioró a un 6.8% del PIB debido a la caída en ingresos tributarios y mayores gastos en intereses, salud y pensiones. Aunque se implementaron ajustes para reducir el gasto primario, las obligaciones legales y la rigidez del presupuesto limitan el alcance de dichas reducciones. El deterioro fiscal se ha moderado parcialmente con mayores ingresos petroleros y otros reintegros, pero persiste un riesgo fiscal considerable que demanda acciones precautelativas y controles de liquidez.
Además, la economía colombiana enfrenta un contexto de desaceleración en la inversión y una alta volatilidad en los mercados, con inflación controlada pero con presiones sociales derivadas de aumentos de salario mínimo y debates en torno a la efectividad del gasto público. La ausencia de una estrategia clara de crecimiento a mediano plazo y los cambios pendientes en el sistema pensional añaden incertidumbre al panorama económico fiscal.
En resumen, el gobierno Petro tiene que manejar simultáneamente:
– La aprobación y ejecución de un presupuesto ambicioso en un Congreso fragmentado y polarizado.
– La implementación de una reforma tributaria necesaria para estabilizar las finanzas públicas.
– La contención del déficit fiscal en niveles que no comprometan la sostenibilidad macroeconómica.
– El manejo eficiente del gasto público en áreas sensibles como salud y pensiones.
– La promoción de un ambiente favorable a la inversión y crecimiento en medio de una transición energética.
Estos desafíos fiscales y económicos configuran un escenario complejo para la gobernabilidad y la efectividad de las políticas en la última etapa del mandato presidencial
Colombia enfrenta en la última fase del gobierno Petro importantes desafíos económicos y fiscales en comparación con otros países de América Latina, Estados Unidos y algunas naciones asiáticas.
– El déficit fiscal central para 2025 se proyecta en un 7.1% del PIB, cifra elevada que representa un gran reto en sostenibilidad fiscal, muy superior al promedio regional y que está generando incertidumbre en los mercados y entre expertos.
– A pesar de la expansión del gasto público (con un presupuesto histórico para 2026 cercano a $ 556 billones COP y necesidad de captar $26 billones más por reforma tributaria), la dificultad para aprobar reformas fiscales y tributarias en un Congreso fragmentado limita la capacidad del gobierno para controlar el déficit y la deuda pública, que ha aumentado a cerca del 60% del PIB en 2024–2025, uno de los niveles más altos en la región.
– La inflación en Colombia se proyecta terminar en torno al 4.7% en 2025 (bajando comparado con años anteriores), pero sigue por encima de la meta y más alta que en países como Chile, Perú o Uruguay, que han logrado controlarla mejor, lo que complica la política monetaria y el costo del crédito.
– En términos de crecimiento económico, Colombia tiene previsiones moderadas alrededor de 2.6% para 2025, superando ligeramente la media regional, pero con dinámicas sectoriales desiguales y retos estructurales de productividad e inversión.
– Comparativamente, Estados Unidos presenta políticas fiscales y monetarias con mayor estabilidad institucional, tasas de interés más bajas y déficits relativamente menores en relación a su PIB, mientras que algunas economías asiáticas continúan con crecimiento más alto y mejores balances fiscales, aunque con sus propias vulnerabilidades.
– En la región latinoamericana, varios países enfrentan ajustes fiscales y desaceleración económica, pero Colombia destaca por su elevado déficit y presión fiscal, mientras otros países como Chile y Perú han avanzado en reformas que han permitido una mejor sostenibilidad fiscal y control inflacionario.
En suma, la efectividad y predictibilidad de las políticas económicas del gobierno Petro están condicionadas a la capacidad de manejar el déficit fiscal elevado, aprobar reformas tributarias, controlar la inflación y promover la inversión en un contexto político complejo. La comparación internacional revela que Colombia tiene un mayor reto fiscal y económico relativo, con un futuro dependiente de ajustes estructurales y negociación política efectiva.
Si desea, puedo facilitarle un cuadro comparativo más detallado con indicadores fiscales y macroeconómicos claves de Colombia y otros países relevantes.
El futuro de Colombia bajo el gobierno de Gustavo Petro presenta varios desafíos y oportunidades en diferentes áreas:
1. Seguridad y Paz: A pesar de los esfuerzos, el avance en seguridad y paz ha sido limitado debido a la persistente violencia de grupos armados ilegales, cultivos ilícitos y un alto número de homicidios. Esto afecta la estabilidad interna y la gobernabilidad.
2. Economía: Aunque se han logrado avances como la reducción de la pobreza al 28.3% y el crecimiento agrícola del 10.4%, existen preocupaciones sobre la viabilidad fiscal del país. El déficit proyectado para 2025 es del 7.1% del PIB, lo que genera incertidumbre sobre la sostenibilidad macroeconómica.
3. Política Exterior: Colombia ha asumido posiciones fuertes y a veces controvertidas en política exterior, como la reanudación de relaciones con Venezuela y posturas firmes en temas como Israel-Palestina. Esto ha generado tensiones con Estados Unidos y países vecinos, afectando la imagen externa y las alianzas estratégicas.
4. Aprobación Ciudadana: Las encuestas reflejan una baja aprobación ciudadana hacia el gobierno (entre 33% y 37%) y un aumento de la desaprobación, vinculada a la percepción de inseguridad, economía y la calidad de servicios públicos.
5. Desafíos Futuros: En el último año de mandato de Petro, los principales desafíos incluyen mantener el orden interno frente a la violencia, sostener las reformas estructurales en salud, laboral y pensiones, preservar la estabilidad macroeconómica y navegar las relaciones diplomáticas tensas.
En resumen, el futuro de Colombia bajo el gobierno de Gustavo Petro está condicionado por la capacidad de manejar estos desafíos y negociar políticamente para lograr estabilidad y crecimiento.













