Opinion

QUE LA POLÍTICA NO NOS CUESTE LA VIDA

EDITORIAL

Por: Daniel Moreno Verhagen – Abogado.

Este país ha visto caer a sus líderes presidenciales antes de tiempo: Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Álvaro Gómez Hurtado. Cinco hombres que soñaron con transformar a Colombia desde la palabra, las ideas y las urnas, y que fueron silenciados por las balas. Cada uno representaba una visión distinta del país. Todos terminaron en la misma tragedia.

El atentado contra el precandidato presidencial joven y opositor no es un hecho menor ni aislado. Es un campanazo de alerta que retumba en la memoria histórica de Colombia. Hoy, casi 80 años después del asesinato de Gaitán, la historia parece querernos empujar hacia atrás. El intento de asesinar a Miguel Uribe Turbay, es un síntoma grave de que la intolerancia política no ha desaparecido. En su agenda, hoy frustrada por la violencia, dicho sea de paso estaba una visita suya a nuestro departamento.

Desde Caldas, desde nuestras montañas que han albergado el debate político, el civismo y la organización ciudadana, no podemos quedarnos en silencio. Este no es solo un ataque contra un hombre, es un atentado contra todos los que creemos que la política se hace con ideas, que el liderazgo no puede pagarse con miedo, y que las diferencias deben protegerse, no perseguirse.

Como abogado, creo firmemente que el Estado de Derecho tiene una oportunidad —y una obligación— de responder. Que las instituciones judiciales investiguen con prontitud, que se sancione con contundencia a los responsables y que no se tolere ni un centímetro de impunidad.

Es hora de ofrecer garantías reales y eficaces a los líderes políticos, periodistas, jueces, candidatos presidenciales, y también —sin distinción— a nuestros amigos, colegas y ciudadanos que hoy se encuentran amenazados. Ejercer una profesión no puede equivaler a estar al borde de la muerte.

Un llamado respetuoso y especial a la Unidad Nacional de Protección (UNP) y a las autoridades competentes: urge agilizar los esquemas de seguridad y la aprobación de vehículos blindados. La vida y la democracia no pueden estar sujetas a trámites burocráticos ni a decisiones administrativas dilatadas. Cada minuto cuenta. Cada omisión puede costar una vida.

También vale la pena preguntarnos —con seriedad, no con especulación— de dónde viene esta violencia. ¿Qué intereses buscan callar una voz opositora? ¿Quién se beneficia del miedo? ¿Por qué, todavía, en Colombia hay quienes creen que matar es una forma de hacer política? Estas preguntas no buscan culpables sin pruebas, pero sí exigen verdad y justicia.

Y una cosa debe quedar clara para siempre: nadie, absolutamente nadie, debe morir por pensar diferente. Ni de derecha, ni de izquierda, ni de centro, ni de ninguna ideología o partido. Defender las ideas no puede costarnos la vida.

Como joven, hago un llamado a mi generación: no se dejen sacar del camino. No dejen que les vendan la idea de que esto es normal. No es normal. No es legítimo. No es aceptable. Hoy más que nunca se necesita una generación que, frente al miedo, elija seguir opinando, denunciando, construyendo. Que elija bien. Que entienda que las democracias mueren cuando los buenos se callan o se van.

La historia de Colombia ya tiene suficientes mártires. No necesitamos más. Lo que necesitamos es justicia, memoria y una ciudadanía valiente que defienda la política como un ejercicio de vida, no como una sentencia de muerte.

Manizales, junio 08 de 2025.

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