Opinion

VENIMOS A OFRECER EL CORAZÓN

Juan Diego Sierra Rave

Por: Juan Diego Sierra Rave – Enlace departamental de juventud.

A propósito de la invitación que me extendió el Honorable Concejo de Salamina, quiero compartir una reflexión que va más allá del protocolo y los agradecimientos. Hoy, más que nunca, los jóvenes no pedimos permiso: exigimos participación real, incidencia efectiva y presencia digna en los espacios de decisión pública.

No basta con ser mencionados en los discursos ni utilizados como símbolo de renovación cada cuatro años. Nuestra generación está lista, formada y comprometida con causas reales: el medio ambiente, la equidad social, el emprendimiento sostenible, la transparencia. Pero también sabemos que para transformar, necesitamos instituciones que nos abran las puertas, no como un gesto simbólico, sino como un acto decidido de voluntad política.

Desde la Secretaría de Integración y Desarrollo Social, y como Enlace Departamental de Juventud, he recorrido municipios donde aún creen que “darle voz a los jóvenes” es montar una tarima el Día de la Juventud. Yo creo en algo más profundo: en los presupuestos participativos, en las veedurías juveniles, en la incidencia en los planes de desarrollo, en los Consejos de Juventud que no sean decorativos.

Y en medio de estas luchas, vale la pena hacerse una pregunta: ¿Reclamar nuestros derechos es un acto de rebeldía? No. Reclamar derechos no es una provocación: es un acto de dignidad.

No estamos pidiendo favores, estamos exigiendo el cumplimiento de la ley estatuaria.

Reconocer que existe una desigualdad no es asumir inferioridad. Al contrario, es tener la valentía de señalar estructuras injustas que deben cambiar. Guardar silencio, en cambio, sí puede ser una forma de complicidad.

Toda conquista de derechos comienza con una afirmación clara: esto que vivo no es justo, y me merezco algo mejor. En ese sentido, reclamar no es quejarse, es construir. Es abrir la puerta a una sociedad donde el lugar de cada persona no dependa de su edad, su origen o su condición social, sino de su talento, su esfuerzo y su humanidad.

La juventud no es un adorno institucional. Somos protagonistas del presente. Y si algo quedó claro hoy en Salamina es que los jóvenes no solo tienen algo que decir, sino que están diciendo lo que otros no se atreven: que este país necesita esperanza, coherencia y, sobre todo, acción pública con sentido humano.

Gracias al Concejo de Salamina por abrir este espacio. Pero más aún, gracias a cada joven que sigue creyendo que la política no es un lugar de privilegios, sino una herramienta de transformación.

Porque no venimos a pedir permiso. Venimos a ofrecer el corazón.

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