El ejercicio de la política, ese que siempre se proclamó como el Arte de Servir, está en las cuerdas.
Antiguamente, quienes eran elegidos concejales, alcaldes, gobernadores, eran personas de excelsas calidades humanas, académicas en contados casos, con buena imagen personal en la comunidad. Hoy, cada vez se ha venido perdiendo la esencia de los cargos de elección popular.
Como todas las profesiones en el mundo, en la política existen buenos y malos, sí, así es: hay buenos y malos médicos, abogados, ingenieros, maestros, en el ejercicio de llegar al poder, también hay unos que hacen su trabajo con dedicación, con gestión, con resultados, con propuestas serias, pero existen quienes campean por el mercantilismo y lo hacen más por ego que por compromiso ciudadano.
Pero si en la política las cosas han cambiado con relación a las calidades de quienes aspiran, también han cambiado los electores.
Anteriormente, era un deber personal y un orgullo ir a las urnas para depositar el voto por esa persona que movía pasiones, que hacía vibrar el corazón con sus posturas y discursos, pero hoy los electores engañan (obviamente no todos, todavía algunos sienten con orgullo su partido o su candidato), pero muchos prometen el voto a uno, pero votan por otro; no salen a votar pero han prometido hacerlo o lo hacen en blanco y no por el candidato al que le dijeron que si; a todos los aspirantes les piden dinero, van de sede en sede recogiendo, pero al final ni tienen inscrita su cédula en el municipio donde viven.
Los votantes cada día que pasa despiertan, ya no “tragan entero”, están cansados de tantas promesas, de la aparición de la mayoría de los candidatos solo en los días previos a las elecciones, ya no votan por conciencia sino por dinero, a eso han llevado a los ciudadanos tanto dinero en las campañas, que las han vuelto insostenibles, costosas y en últimas inciertas.
Cada vez se hace más difícil el ejercicio del Arte de Servir, porque quien lo hace realmente no convence, la gente ya quiere otras cosas, no solo el favor de ayudarle con una diligencia. Será que algún día ¿tendremos en Colombia el voto obligatorio?
* Por: Cristina Otálvaro Idárraga-Abogada; Conciliadora en Derecho; Especialista en Gestión Pública, en Derecho Constitucional y Parlamentario y Derecho de Familia; Magister en Políticas Públicas.













