Opinion

AEROCAFÉ, PARADIGMA DE DESARROLLO

Desde hace 20 años, don Héctor y don José, dos adultos mayores que conocí en Palestina y con quienes estuve conversando, escucharon por primera vez sobre el proyecto de Aerocafé. Les dijeron que estaría listo en 3 o 4 años y hoy siguen sentados, en una banca donde se divisan los terraplenes, esperando que se haga realidad. Ellos fueron víctimas del desarrollo.

Aunque no querían vender sus casas, estas fueron «expropiadas», y con nostalgia cuentan que ni siquiera les preguntaron cuánto valían, sino que les pusieron un precio que debían tomar o dejar, a lo que no les quedó otra opción.

Cuando dijeron que en Palestina debía quedar el Aeropuerto del Café, se les olvido medir el impacto negativo que le traía a quienes vivían allí. La meta era hacer un aeropuerto así que pasaron por encima de todos, de la cultura y de la historia de este municipio caldense.

Como el capricho no lleva un análisis técnico entonces dijeron que lo harían en 3 años, como muy bien lo recuerdan don José y don Héctor. En el momento empezaron a mover tierra y a hacer artificialmente terraplenes, sin imaginar el terreno que tenían, por lo que nada funcionó.

Aquí no solo se perdió la plata que había aportado el Gobierno Nacional, sino que ya no querían invertir más porque sabían que había un conflicto de pérdida de recurso, razón por la cual duraron mucho tiempo vetando un concepto de viabilidad técnica para este aeropuerto. En los años siguientes había un impulso para avanzar, pero sin el Gobierno Nacional.

Don Héctor, recuerda que allá, en el sector de Ventiaderos, en el lado norte de la colina de Palestina, donde se ubica la primera etapa del proyecto, había una vereda, un caserío, escuela, colegio y entre risas dice que hasta discotecas a las que asistía los fines de semana.

“Esto era plano, había casas, vinieron e hicieron un hueco aquí, otro allí, unos muros allá… y como no dio resultado dijeron que iban a correr el trazo por otro lado.  Acabaron con dos barrios”, me expresó don Héctor.

Sus palabras dejan claro que desde el momento en que se habló de aeropuerto en Palestina se ha ido más gente de la que ha llegado, que las viviendas se han desvalorizado y a quienes les compraron sus casas la plata no les alcanzó para comprar otra vivienda. “Fue que nos engañaron, nos llenamos de nervios y vendimos a Aerocafé por cualquier cosa”, exclamó don José.

Para don Héctor y don José ahora lo que más conviene es que se termine el Aeropuerto. Por fortuna, el Gobierno Nacional se comprometió, sacó el concepto de viabilidad técnica y dejó una plata; sin embargo, desafortunadamente, hay que decírselo a la gente: la plata no va alcanzar sino para hacer una pista corta que es como trasladar La Nubia a Palestina y vamos a seguir con el mismo problema; no hay vuelos grandes, no hay vuelos internacionales. Supuestamente la magia de este aeropuerto era que iba a traer vuelos transnacionales, que iban a aterrizar aviones jumbo con pasajeros de Asia y Europa para vender el turismo del Eje Cafetero y eso no va a pasar.

El hecho que se hayan reactivado las obras, en parte, es esperanzador porque cada día de atraso es un día más de atraso para Palestina que es la más afectada al final. Desafortunadamente esos son los paradigmas del desarrollo que llaman.

Ahora no quedará más que exigir que a futuro la pista sea más larga, que puedan aterrizar vuelos transnacionales y que podamos recibir turismo de Europa y de Asia porque ese es el verdadero desarrollo de esta región.

Para concluir, hay que decir que Palestina ha puesto su grano de sacrificio y lo mínimo ahora es esperar que obtenga los beneficios de tener un aeropuerto. Me imagino todos los desafíos que vamos a tener que afrontar con Palestina, pero digamos que aquí ya queda es articularnos al desarrollo del aeropuerto y cuentan desde el Congreso con mi respaldo para que esto tenga más recursos y se pueda hacer en menor tiempo.

* Por: Erwin Arias – Representante a la Cámara.

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