Opinion

La libertad de elegir cómo morir*

En Colombia la eutanasia está despenalizada desde 1997, siempre y cuando sea una enfermedad terminal, que haya intenso dolor, que el procedimiento se solicite de manera voluntaria y que sea realizado por un especialista. Sin embargo, una nueva sentencia de la Corte Constitucional de julio de este año, amplió el derecho a morir dignamente (a través de la eutanasia) para pacientes que padezcan una enfermedad o lesión grave e incurable que les provoque intenso sufrimiento.

Bajo esta sentencia Martha Sepúlveda solicitó la eutanasia, la señora de 51 años, que padece de esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad incurable y que convirtió en un tormento su vida, como expresa su familia, Martha, solo puede dar unos cuantos pasos con un apoyo bastante considerable, las manos no le responden, no tiene la fuerza suficiente para apoyarse en un bastón o en cualquier otro medio y por tanto, requiere apoyo para bañarse, para ir al baño, para comer y hasta para cepillarse, su historia se volvió viral, por una entrevista en la que se le ve feliz y tranquila por haber podido decidir sobre su vida y ponerle fin a su dolor.

Todos fuimos testigos de la repentina cancelación de su procedimiento, violando su derecho de elegir cómo morir, su familia y abogada afirman que en el acta del comité que decidió la cancelación del procedimiento lo que se cita es que en las noticias vieron un cambio en las condiciones de ella, es decir, que nunca hubo una valoración personal. O sea, por una entrevista se le vulneró su derecho a una muerte digna. El hecho de que doña Martha haya decidido su muerte de manera feliz no es argumento para quitarle el derecho de hacerlo.

Es necesario seguir dando este tipo de debates, toda vez que en el Congreso se hundió el debate que por tercera vez intentaba reglamentar la eutanasia, con 65 votos a favor y 78 en contra, se recalcaron posiciones fundamentadas en principios religiosos para el respeto a la vida y otras pedían el derecho a la muerte digna, teniendo en cuenta que lo que se está exigiendo es la posibilidad de elegir, lo que no implica una imposición para quienes no desean acceder a este servicio, al igual que el aborto. Porque la regulación permite luchar contra la clandestinidad y ayuda a evitar excesos y abusos.

Es por ello que necesitamos instituciones más sensibles, médicos y personal administrativo empáticos que comprendan el dolor y la situación de sus pacientes, porque debemos tener presente que en una sociedad plural y multicultural como la que tenemos hay que respetar las diferencias, y por ende, el sistema debe garantizar que, si un médico no lo hace, debe haber otro que lo haga, así como tener cuidado al decidir para responder a la situación de un paciente desesperado que tal vez lo que necesita es apoyo y acompañamiento, más que una eutanasia.

Pero tenemos una especie de violencia estructural a la hora de acceder al sistema de salud, donde para acceder al servicio siguen ocurriendo cosas como que una señora de 80 años deba hacer una fila en la madrugada para que le den un acetaminofén. Nos enfrentamos a una paradoja, estamos luchando por la posibilidad de elegir una muerte digna y hay quienes viven indignamente no porque quieran, sino por sus condiciones económicas, es decir, no hemos ni siquiera garantizado una vida digna, para garantizar una muerte digna. Pese a esto, la eutanasia es un tema de gran discusión en Colombia, que no es fácil, por el desconocimiento general que se tiene y el hecho de tratar directamente con la muerte desde las creencias religiosas, lo que invalida la autonomía de los seres humanos. Necesitamos representantes y senadores que estén en capacidad de dar debates serios y a la altura de garantizar los derechos humanos, no de anteponer su subjetividad, su opinión y su creencia religiosa, tenemos que construir territorios en los que quepamos todos, donde se garantice la libertad de elegir y donde la diferencia no sea objeto de violencia, de muerte o de construcción de enemigos.

* Por: Juanita Espeleta – Socióloga con trayectoria en trabajo comunitario, social y cultural en comunidades en condición de vulnerabilidad.

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