Opinion

¿Después del paro qué?

Por: Juanita Espeleta – Socióloga con trayectoria en trabajo comunitario, social y cultural en comunidades en condición de vulnerabilidad.

Colombia es descrita en varios libros de historia y por muchos analistas políticos como el país con la democracia más duradera de Sur América, afirmación que resulta irrisoria, si tenemos en cuenta que se han naturalizado, vuelto cotidianas y legitimadas prácticas como la corrupción, el clientelismo, la deslealtad, el engaño y la doble moral. Todo esto se refleja en la disminución de la participación consciente, en la pasividad de la sociedad y en la abstención electoral, los que eligen no elegir, lo hacen porque creen que eligen nada como diría Martín Caparrós.

Somos testigos del declive de la democracia como sistema de representación y también del surgimiento de nuevas manifestaciones y movimientos sociales, que como alternativa buscan el reconocimiento de las personas, a partir de la defensa de los derechos humanos que han sido vulnerados por la élite minoritaria política, que representa unos pocos intereses, privados, egoístas, excluyentes y con ansia ilegítima del monopolio del poder.

El afán y motivación de la élite política del país por mantener la legitimidad de su poder reflejan propiamente una forma de hacer política sin moral, que recurre a la coerción, a la fuerza y el irrespeto de los Derechos Humanos para mantenerse en su estado privilegiado.

La democracia popularmente se entiende como el gobierno de la mayoría, donde para acceder al poder, los gobernantes deben postularse y obtener los votos suficientes dependiendo del cargo. Sin embargo, parece ser que existe una fobia generalizada a ejercer el deber ciudadano de elegir y que a una gran parte de los ciudadanos no les interesa la política o les interesa cada vez menos, por lo que podríamos afirmar que estamos en un sistema democrático sin participación de las mayorías.

Con este panorama, cabe preguntarse, ¿después del paro qué?, yo soy partidaria que sin duda, hay que apostarle a los liderazgos juveniles y sus espacios, a sus organizaciones, movimientos, redes y plataformas, pero también a ese liderazgo barrial, veredal, comunitario, que empodere a las comunidades desde su centro, las haga protagonistas de su propio proceso, de su territorio y puedan aprender de funcionamiento del Estado, de historia y de Política mientras actúan, mientras intervienen su cancha, su caseta, su cuadra, sus espacios, mientras tejen comunidad desde su quehacer y su querer. Es decir, hay que apostarle a la construcción de escuelas populares, a enamorarnos de lo local, a cuidarlo y protegerlo de tal manera que nos convirtamos en sus veedores y queramos ejercer un rol activo como ciudadano, que nos permita hacer control, garantizar los derechos humanos y exigirle al Estado verdadera presencia en el territorio.

Este empoderamiento nos llevará de manera paralela a que esa conciencia del voto sea cada vez más necesaria, y a que, en las próximas elecciones de Congreso y Presidencia, no saquemos excusas tipo: Para que votar si lo que yo quiero es irme de Colombia o a mí no me han dado nada, entonces no tengo razones para votar o ¿pa´ qué votar? si siempre eligen los mismos. Hay personas que han muerto por defender este derecho. ¡No lo desperdiciemos! Votar es más que solo elegir a un candidato, también es elegir las políticas correctas y las personas que reflejan nuestros intereses al determinar decisiones que afectan a la sociedad. Votar, significa participar de las decisiones relacionadas a la salud, inmigración, equidad de género, infraestructura, empleo, educación, seguro social, seguridad, impuestos, etc. El derecho a votar es una de nuestras libertades más importantes como individuos. Garantiza que tenemos voz y que nuestras voces se escuchan. Resulta, entonces que nos queda el reto enorme post paro, de construir ciudadanía consciente, activa y participativa.

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