Opinion

LA PANDEMIA AUTOCRATICA

Por: J. F. Paz – Ex magistrado / Consultor.

Se pretende analizar cómo la pandemia que nos azota afecta la poca democracia que nos queda, que no solamente atenta contra la salud pública, sino que también lesiona derechos fundamentales del ciudadano, con el silencio de las otras ramas de poder público, que no han ejercido las facultades que les otorga la Constitución Política, referida al control político como judicial en la cascada de decretos expedidos con base en la primera emergencia cuya constitucionalidad sigue a estudio.

Se ha sostenido que un gobierno autocrático se presenta como el peor de los gobiernos por ser trasgresor de derechos fundamentales, centralista, con visos de corrupción, que en nuestro medio parecía lejano, ajeno y distante en nuestra estructura institucional, que nos hace pensar que no muy lejos estamos de clasificar en ese estilo de gobierno, donde el lenguaje que se usa es el de la obligatoriedad, confinamiento, aislamiento, toques de queda, ley seca, comparendos, y sanciones penales.

De igual manera se ha llegado hasta el extremo de ordenarse una especie de protección tóxica a los mayores adultos, como muebles viejos que deben permanecer escondidos, imponiéndoseles una capitis deminutio, como si no tuvieran la capacidad suficiente de advertir los peligros que representa la pandemia, constituyendo una medida absurda, denigrante, impracticable, humillante, discriminatoria como repugnante, que solo produce una respuesta. NO A LA IMPOSICIÓN, SI A LA RECOMENDACIÓN.

No olvidar que los regímenes totalitarios se caracterizan por disponer de la vida de las personas, donde la libertad de locomoción, como otros derechos individuales quedan restringidos, las erogaciones millonarias en el manejo de la imagen oficial, de tal forma que so pretexto de protegernos sanitariamente, se va atentando contra la salud de la democracia.

Es el momento de las responsabilidades  individuales, del auto cuidado, donde el Estado da unas recomendaciones sanitarias, unas pautas a seguir de acuerdo a los estudios epidemiológicos, resguardando el sistema republicano y democrático de gobierno, porque así fue elegido, como juramentado, debiéndose preocupar porque el aparato productivo que  constituye la economía real, esté abierta, en marcha, no sufra traumatismos, para evitar  la hambruna como el desempleo  de un gran sector  poblacional.

Es de la esencia de un sistema democrático la separación, la independencia como el control reciproco de los poderes ejecutivo, legislativo, judicial, lo cual impide la concentración de la autoridad, que al decir de muchos estamos dando los primeros pasos de lo que la teoría política denomina: dictadura blanda, o dicta blanda, término que surgió en el último periodo del reinado de Alfonso XIII después de la dictadura de Primo de Rivera. De ser así, que Dios nos coja de su mano.

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