Opinion

CRISIS

EDITORIAL

Esta campaña electoral para la presidencia de la república dejó en evidencia una vez más lo débil que son las estructuras de nuestros partidos políticos y la falta de coherencia entre sus dirigentes.

Partidos tradicionales como el liberal, el conservador y La U, no presentaron candidatos presidenciales propios y prefirieron esperar para hacer pactos y jugar al mejor postor.

Desde hace ya varios años, se viene diciendo que los partidos políticos en Colombia enfrentan una crisis estructural profunda caracterizada por la fragmentación interna, el clientelismo, la corrupción y el creciente desprestigio ante la ciudadanía. Esta situación ha debilitado la institucionalidad democrática y ha fomentado la polarización ideológica a nivel nacional y regional.

Los partidos han perdido su identidad programática. Funcionan como maquinarias electorales sin posturas claras, ni ideología definida. No tienen control sobre el electorado y las bases prácticamente se extinguieron y votan por intereses clientelistas o económicos.

Cada congresista, especialmente senador, es dueño de una parcela electoral en determinado departamento que le garantiza los votos para ocupar su curul elección tras elección, y generación tras generación. Se convirtieron en clanes familiares. En la práctica son independientes y por ello poco les importa las directrices de la dirección nacional de su colectividad.

La confianza ciudadana se perdió en los partidos políticos debido al clientelismo y a los permanente escándalos por corrupción a los cuales no se escapa ninguno.

Otro aspecto que ha debilitado la confianza en los partidos es la financiación de las campañas políticas: dime quién te financió y te diré quién será el poder detrás del trono.

El otorgamiento de avales en muchos casos se convirtió en un negocio. No se premia la militancia, sino que se entregan por razones muy diferentes. Los directores de los partidos hacen mal uso del poder del bolígrafo lo que termina alejando a muchos líderes y dirigentes con aspiraciones a cargos de elección popular.

Las candidaturas por recolección de firmas o Grupo Significativos de Ciudadanos, ha restado poder a los partidos tradicionales. Muchos ciudadanos prefieren estas opciones porque las perciben como alternativas frescas y menos viciadas por la politiquería tradicional.

Hoy, en este domingo electoral, cuando los partidos de derecha y de centro ven con suma preocupación la elección presidencial del candidato de la izquierda, es una buena oportunidad para muchos colombianos hagan una seria reflexión sobre por qué se ha llegado a ello, y sobre la crisis de nuestras instituciones democráticos y de los partidos políticos, para que no nos convirtamos en una democracia fallida después de más de un siglo de institucionalidad.

Pensilvania, mayo 31 de 2026.

Lo más visto

To Top