EDITORIAL
El desplome de la candidatura presidencial de Paloma Valencia se venía venir. Los primeros que la traicionaron fueron los precandidatos del partido centro democrático que participaron en el proceso de selección del candidato, quienes no respetaron las reglas de juego ni hicieron honor a su palabra. María Fernanda Cabal y Miguel Uribe fueron los primeros que incumplieron el pacto y salieron corriendo.
En la medida que avanzaba la campaña, error tras error de estrategia fueron socavando la candidatura de Paloma Valencia. Quisieron presentar un centro democrático modernizado, más liberal y más progresista utilizando como estrategia la inclusión de Juan Daniel Oviedo como candidato a la vicepresidencia, lo que terminó alejando a los sectores más conservadores y ultraderechistas del uribismo quienes han representado su mayor base electoral.
El machismo de algunos sectores retrógrados que aún quedan en el país, entre ellos, un amplio sector femenino, quienes consideran que una mujer no tiene el perrenque necesario para gobernar a este país tan convulsionado, y que también consideran que aún no estamos preparados para este paso tan trascendental, también le restó importante intención de voto. Aún muchos colombianos tienen mentalidad retrógrada para aceptar las condiciones y capacidades de las mujeres.
La injerencia excesiva del expresidente Álvaro Uribe y sus hijos en la campaña de Paloma Valencia, también jugaron en contra de esta candidatura. Uribe no le dice absolutamente nada a los jóvenes. Quienes hoy tienen 18 años de edad, apenas estaban naciendo cuando terminaba su segundo mandato. Por ello lo ven como un personaje histórico, desgastado, que se quiere perpetuar en el poder y cuya única motivación de invitar a votar por su candidata es el odio y el resentimiento que tiene hacia Iván Cepeda que estuvo a punto de llevarlo a la cárcel.
La falta de disciplina dentro de los partidos tradicionales que apoyan a Paloma, también terminó afectando su campaña. Los directivos de esas colectividades perdieron el control y la disciplina de la totalidad de sus tropas y muchos, unos abiertamente otros por debajo de cuerda, se deslizaron hacia otras campañas.
La falta de contundencia del discurso de Paloma Valencia y sus errores de estrategia han sido nefastos, por ejemplo, la propuesta del SOAT gratis para las motocicletas con cilindraje inferior a 250 cc, fue contraproducente porque no tuvo el apoyo esperado de los motociclistas y alejó a quienes tienen reparos por los problemas que muchos de ellos generan en las calles y vías, y la exoneración del pago de este seguro sería facilitar el incremento en miles de nuevos de estos vehículos transitando a lo largo y ancho del país.
Otro desacierto fue el ofrecimiento del Ministerio de Defensa a Álvaro Uribe. Esto también fue nefasto para esta campaña porque polarizó y desató la furia de los antiuribistas quienes doblaron esfuerzos en contra de la candidatura de Paloma.
La candidatura presidencial de Abelardo de La Espriella, inicialmente auspiciada por el expresidente Álvaro Uribe, para tener un plan B, también jugó en contra de Paloma. La mayoría de dirigentes políticos se quedaron quietos esperando la evolución de los acontecimientos políticos para empezar a trabajar polpiticamente. Cuando las encuestas empezaron a ver el declive de la candidatura de Valencia, empezó la desbandada hacia la campaña del Tigre, disparándola y dejando rezagada a la candidata uribista.
En este mismo espacio hemos hecho relación de dos columnas escritas en marzo y en octubre de 2025, por Juan Lozano en el periódico El Tiempo tituladas “Instrucciones para volver a perder las elecciones”. Los acontecimientos le han dado la razón y se cometieron durante la precampaña y campaña los errores advertidos que le abren el camino a una nueva presidencia de la izquierda, en este caso, la de Iván Cepeda.
A partir del próximo primero de junio, Popayán ya contará con una precandidata calificada para su alcaldía. Quien no conoce su historia está condenado a repetirla.
Manizales, mayo 24 de 2026.












