TOMADO DE EL PAÍS DE ESPAÑA
Catalina Oquendo B.
Parece que fue hace años que el presidente Abelardo de La Espriella caminó entre cadáveres de disidentes; que apareció en un operativo en Cali vestido de policía; que se mostró con un arma al cinto en Santa Marta en medio del paro armado que vivió esa ciudad; o que entregó personalmente a alias Araña, ex jefe de las disidencias, a las autoridades estadounidenses mientras hablaba a una cámara inexistente. Parece que ha pasado mucho tiempo, pero no. La mayoría son hechos de la última semana.
Es parte de su apuesta de comunicaciones que acompaña- como se vio en la fiesta de posesión del presidente de Ecopetrol, sí en la misma entidad que vivió entre escándalos durante el gobierno pasado- de varias cámaras que registran cada gesto y lo publican después con música épica. Ante cada crítica él escala la apuesta. Un sector del país está aterrado y lanza alertas sobre el mensaje que envía en una sociedad ya de por sí violenta; otro, es la verdad, está feliz con esos gestos.
En el medio, hay familias como las de Ricardo Martínez, muerto en un operativo de la Policía en Santa Marta, que denuncian que se trataría de una ejecución extrajudicial y que su hijo no era un criminal sino un campesino y exigen una investigación. Lo mismo piden los de Donovan Balanta, que murió en medio de la detención de la Policía; y las de campesinos de Meta que aseguran que el Ejército disparó a Luis Carlos Mojica, que estaba desarmado. La Defensoría es la única lanzando alarmas. De la Fiscalía, no se sabe.
La otra cara del gobierno es José Manuel Restrepo. El vicepresidente, por el que muchas personas decidieron su voto aduciendo su carácter técnico, no parece haber tenido tanta influencia en cargos, pues algunos de los que avalaba fueron desnombrados. Se presenta en el exterior como la voz apegada a las formas. Habló en la Asamblea de las Naciones Unidas, en nombre del presidente.
En ese escenario se da también una de las pocas noticias sensatas de los últimos días. Mauricio Gaona, el embajador ante la ONU descartó la salida de Colombia del organismo. Igual que ocurrió en gobiernos como el de Milei, que llegó al poder diciendo que se saldría de la ONU o atacando a China, el discurso se moderó en la realidad, al menos en el ámbito de la política exterior. En campaña, de La Espriella dijo que la ONU, la OEA y la CIDH, “son directorios políticos de la izquierda que no han servido”. En cuestión de dos meses, su Gobierno cambió de opinión y decidió quedarse en ese organismo.
Si en ese hecho hay sorpresa, ocurre lo contrario frente a las visas. Christopher Landau, el famoso Quitavisas, que fue invocado por de La Espriella en campaña ha comenzado a actuar. Este lunes, el Departamento de Estado anunció que cancelará las visas de varios ciudadanos en Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia que, según el Gobierno de Donald Trump, han “debilitado a gobiernos elegidos democráticamente”. En Colombia, el empresario Euclides Torres y la senadora Martha Peralta, así como sus familias perderán la visa. En campaña, de La Espriella acusó a ambos de presunta compra de votos a favor de Iván Cepeda y envió una carta mencionándolos junto a otros 27 políticos. La decisión se tomó- según el propio Departamento de Estado- bajo el llamado Escudo de las Américas.
Todo eso en apenas una semana y casi dos meses de Gobierno.












