Opinion

Los cuatro años de Petro

Gustavo Petro Urrego

TOMADO DE EL PAÍS DE ESPAÑA.

Catalina Oquendo B.

Termina el Gobierno de Gustavo Petro y hay que confesar que llegamos cansados a lo que viene a partir del 7 de agosto con Abelardo De La Espriella. Fue un tiempo intenso, de vivir al golpe del tuiter del mandatario de izquierda, de enorme ruido generado por él y su entorno; y también de un escrutinio implacable sobre un Gobierno, como pocas veces se ha visto. Sin embargo, también unos años en los que Colombia comenzó a ocuparse de los temas que siempre dejó atrás por el conflicto armado: la desigualdad, los derechos de los trabajadores y de la gente más pobre. Todos empujados desde el mandatario. Eso sí, fueron cuatro años de muchos discursos de Petro y de muy poca o muy caótica acción.

Cualquier resumen es arbitrario, pero en este boletín que siempre he llamado Noticia en subdesarrollo, intentaré mencionar algunos de los hechos buenos, malos, avances y retrocesos, cuyos detalles invito a leer en el cubrimiento de mis compañeros de EL PAÍS América Colombia.

Lo bueno. Lo primero que quiero destacar es que se respetó la protesta social: quienes quisieron marchar, manifestarse o quejarse pudieron hacerlo. Más allá de ataques verbales del presidente, la oposición política pudo salir a las calles. Las fuerzas armadas respetaron los derechos humanos de los ciudadanos. No se presentaron denuncias de violaciones de derechos humanos a manos de militares y eso, tras crímenes como los falsos positivos durante el Gobierno de Álvaro Uribe, fue un cambio rotundo. El país tampoco se volvió Venezuela —ni se convirtió en castrochavista— y la economía, que era uno de los cocos por allá en 2022, no terminó en un desastre: la pobreza cayó a 28%, el nivel más bajo en su historia y la tasa de desempleo cerró abril de 2026 en 8,8%, estabilizándose en uno de sus niveles más bajos en lo que va de siglo.

Lo nuevo. Con el Gobierno de Petro llegaron nuevas agendas y se amplió la representación indígena y afro en el sector público. Las reformas sociales, a menudo aplazadas por el conflicto armado, fueron centrales en su mandato. Un grueso grupo de la población— que siempre estuvo olvidado— comenzó a tener protagonismo. De ahí que Petro se va con una alta popularidad a pesar de los escándalos de corrupción de su entorno.

Lo peor. Los escándalos de corrupción marcaron el Gobierno que se presentaba como ético y tuvieron un hecho común: fueron protagonizados por personas designadas por el propio Petro, aunque en muchos casos él culpó a otros. El más grande fue el desfalco de la Unidad de Gestión de Riesgo y Desastres (UNGRD). Olmedo López y Sneyder Pinilla terminaron investigados por sobrecostos de cerca de 20.000 millones de pesos (unos cinco millones de dólares) en la compra de unos carrotanques que debían repartir agua en el departamento de La Guajira. Apenas la punta de un escándalo en el que se investiga cómo se usó el dinero de la unidad de desastres para sobornar a los presidentes del Senado y la Cámara de Representantes a cambio de proyectos de Ley. Por el caso, están detenidos López y Pinilla, dos excongresistas, la exconsejera presidencial para las regiones, Sandra Ortiz, y son investigados dos exministros de Petro.

Este seguramente será el bloque más largo de este boletín, porque es preciso recordar el escándalo que involucró a Nicolás Petro, hijo del presidente, quien es investigado por haber recibido dineros para la campaña de un antiguo contrabandista; el de Laura Sarabia, ex mano derecha del mandatario, en el caso del polígrafo a su empleada doméstica, Marelbys Meza, tras la pérdida de una maleta con dinero. Un escándalo que culminó de la peor forma: la muerte del coronel Óscar Dávila, uno de los jefes de seguridad de Palacio. De acuerdo con las autoridades, se trató de un suicidio. Al mismo tiempo Ecopetrol, la empresa estatal más importante del país, estuvo atravesada por las denuncias judiciales contra su presidente, Ricardo Roa. El funcionario, que renunció hace pocos días, será acusado por su presunta responsabilidad en el delito de tráfico de influencias de servidor público por la compra de un apartamento a bajo precio a un empresario que luego se vio beneficiado por un millonario contrato de gas.

Recientemente, estalló el escándalo de Juliana Guerrero, una jovencita que Petro presentó como una “rebelde” y que es imputada por falsificar su título para convertirse en viceministra de la Igualdad. Según denuncias, junto a su hermana estaría cobrando 1 millón de pesos a empresarios para reunirse con ellas, el 10 % del valor de cada proyecto adjudicado que lograran tramitar en el Gobierno y el depósito de millones de pesos en sus cuentas personales.

Fiascos: La paz total es uno de los más sonoros fracasos del Gobierno. Petro, quien se ufanaba de lograr la paz con el ELN en tres meses, no la consiguió en cuatro años. Tampoco obtuvo avances tangibles con el resto de los grupos armados, ni capturó a alias Iván Mordisco. Solo logró la paz con un centenar de integrantes de las disidencias de los Comandos de la Frontera, en Putumayo.

El otro gran lunar fue el naufragio del Ministerio de la Igualdad. La entidad que supuso esperanza para las mujeres y las diversidades terminó con programas a la deriva y en liquidación. Pero si hubo un tema que marcó el mandato de Petro fue el manejo de la salud. Mientras el gobernante eligió la confrontación con los empresarios y el debate histórico sobre las causas y culpables del desastre del sistema, miles de ciudadanos  quedaron sin medicamentos y algunos al borde de la muerte. Sea el momento de recordar al niño Kevin Acosta y cómo el presidente, en televisión pública, culpó a su madre por el fallecimiento.

Lo que viene. Sin empalme, con una transición rota y una polarización extrema, el viernes De La Espriella recibe un país con menos pobreza y una tasa de desempleo en mínimos históricos, pero con un desajuste fiscal que trae su primer desafío. Este 7 de agosto comienza un gobierno que, a juzgar por la previa de las últimas semanas, privilegia la Biblia y no la Constitución. Al menos eso ha mostrado en sus redes la nueva ministra de Cultura, Paola Holguín, quien publicó una foto del libro sagrado de los católicos; y el propio presidente De La Espriella quien lideró un “retiro espiritual” con sus ministros. Al parecer, se vienen nuevos tiempos de más ruido, aunque el país necesite y ruegue por sosiego y cabeza fría.

Lo más visto

To Top