TOMADO DE EL PAÍS DE ESPAÑA
JUAN ESTEBAN LEWIN P.
Hoy, el mapa político colombiano luce como pocas veces en las últimas dos décadas: sin grises. A la izquierda, Iván Cepeda y el continuismo del Gobierno de Gustavo Petro. A la derecha, Paloma Valencia y el uribismo clásico; y más a la derecha todavía, el candidato novato Abelardo de la Espriella. El centro, ese espacio que durante años fue refugio de votantes incómodos con los extremos y plataforma de candidaturas de largo aliento, parece desaparecer pese a que varias de las 14 fórmulas que aparecen en el tarjetón se ubican en esa zona del espectro político.
No siempre fue así. Lo que hoy parece normal, un país dividido entre izquierda y derecha, es realmente nuevo, ya sea un cambio de largo plazo o una anomalía coyuntural. En todas las elecciones presidenciales desde 2002, el año en el que el tradicional bipartidismo hizo crisis, a esta altura de la campaña había al menos una candidatura fuerte que escapaba a la clasificación fácil entre izquierda y derecha. Es esa alternativa la que hoy no aparece en el panorama.
En 2006 era el liberal Horacio Serpa, quien competía con la izquierda de Carlos Gaviria y la derecha del entonces presidente Álvaro Uribe. En 2010 fue Antanas Mockus, que empujó a Juan Manuel Santos a una segunda vuelta que nadie esperaba y superó de lejos a la izquierda que tenía como candidato al hoy presidente Petro. Cuatro años después fue el propio Santos, cuando Uribe ya había conformado el Centro Democrático como partido de oposición de derecha y arañó la victoria con Óscar Iván Zuluaga, y cuando el Nobel de Paz tenía el proceso con las FARC como eje diferenciador. Para 2018, el centrista Sergio Fajardo estuvo a 250.000 votos, el 1,3% del total, de pasar a segunda vuelta. E incluso en 2022, cuando el tablero ya se inclinaba, a fines de abril Fajardo todavía se encontraba en empate técnico con el populista Rodolfo Hernández, aunque a la postre quedó muy lejos de él.
Ese espacio se ha vaciado. La derecha y la izquierda crecieron en las Legislativas de marzo, mientras el centro se hundió, y los partidos tradicionales —en muchos casos hoy más alianzas de caciques que formaciones que respondan a ideologías claras, como demuestra que haya petristas en todos ellos, incluso el Partido Conservador— perdieron algo de fuerza. Juan Fernando Cristo y otros aspirantes centristas se retiraron. Los que permanecen, como Fajardo o Claudia López, figuran en las encuestas cerca o debajo del margen de error. La más reciente medición de Guarumo y Ecoanalítica, publicada el 28 de marzo, ubica a Fajardo en apenas el 3,9% de la intención de voto y a López en el 2,3%. Son números que no permiten hablar de alternativa real.
¿Qué explica esa contracción? En parte, la dinámica que desató el primer gobierno de izquierda en décadas —habría que remontarse a Alfonso López Pumarejo en los años treinta para encontrar un paralelo—, que dividió a la sociedad colombiana con nitidez, en parte por un presidente que tiende a hablar de ellos y nosotros, y que demuestra que un mandatario al cierre de su período puede seguir definiendo la agenda de un país. La pregunta que estructura esta elección no es quién tiene el mejor programa (el de Cepeda no se conoce aún, solo un anexo) ni cuál candidato inspira más confianza. Es una sola: ¿continúa el proyecto o se da vuelta la página? Con ese dilema en el corazón de la puja, el centro pierde sentido. O se está a favor o se está en contra.
Eso explica cómo actúan las tres campañas con mayor intención de voto. Cepeda ha dicho que su programa es continuar y profundizar el proyecto actual, más allá de algunos matices. Su exigencia de debatir únicamente con Valencia y De la Espriella, sin los demás, es una declaración de su estrategia de convertir la elección en un plebiscito. Del otro lado, los dos candidatos que según las encuestas recientes están en empate técnico por el segundo lugar, disputan ser la opción favorita del antipetrismo. Valencia ha intentado ensanchar ese espacio incorporando figuras que puedan apelar a los antiguos votantes de centro; De la Espriella busca captar toda la derecha con su eslógan de campaña de “defender la patria”.
En una eventual segunda vuelta entre Cepeda y Valencia, la misma encuesta de Guarumo registra un empate técnico: 43,3% para el candidato del Pacto Histórico frente a 40% para la candidata uribista, con un 16,7% de indecisos. En la de GAD3, la cifra es del 7%. Ese es, probablemente, el dato más importante del momento. Muchos de ellos son los huérfanos del centro.
En las próximas semanas, este boletín seguirá el pulso de estas dinámicas semana a semana: qué se mueve, quién gana y quién pierde el pulso, y qué dice eso sobre el país que Colombia quiere ser.













