Opinion

PAISAJE CULTURAL CAFETERO O PAISAJE CULTURAL PLASTIQUERO. ¿PATRIMONIO O BASURERO A CIELO ABIERTO?

Antonio Corrales Giraldo

Por: Antonio Corrales Giraldo. Exdiputado de Caldas.

En términos ambientales, lo que hoy ocurre en la zona cafetera de Caldas es una tragedia silenciosa, las bolsas plásticas utilizadas para proteger los racimos de plátano, se han convertido en uno de los mayores pasivos ambientales de nuestra ruralidad.

Caldas cuenta con cerca de 30.000 has sembradas en plátano (Fuente: EVAS y Secretaria de Agricultura), en cada hectárea se embolsan aproximadamente 1500 racimos al año. Esto significa que, año tras año, se utilizan alrededor de 45 millones de bolsas plásticas, cada una pesa 35 gramos, lo que equivale a 1575 toneladas de residuos plásticos anuales.

Se trata de una cifra alarmante, especialmente si se considera que este material no es biodegradable, una vez se cosecha el racimo las bolsas no desaparecen, la gran mayoría quedan abandonadas en el campo. Basta recorrer las zonas rurales para encontrarlas esparcidas en el suelo, enredadas en las cercas, acumuladas en caminos o arrastradas por la lluvia hacia quebradas y ríos. Estos plásticos pueden tardar hasta 400 años en degradarse, fragmentándose en microplásticos que se infiltran el suelo y en el agua, afectando la fauna, las fuentes hídricas, la cadena alimentaria y por supuesto el paisaje.

La contradicción es evidente, esta región forma parte del llamado paisaje cultural cafetero, reconocido por la UNESCO en 2011 como patrimonio de la humanidad, precisamente por ser un modelo de desarrollo sostenible que preserva tradiciones y protege el entorno natural. Sin embargo, esa imagen convive con una realidad incomoda que se intenta ocultar; toneladas de plástico abandonados en los cultivos.

Cada bolsa que protege un racimo termina, em la mayoría de los casos en contaminación. El resultado es un paisaje que cada ves se parece menos a un patrimonio vivo y más a un territorio degradado por el plástico, surge entonces una pregunta inevitable, ¿estamos cuidando un patrimonio o normalizando un basurero a cielo abierto?

Lo más preocupante es que esta situación ocurre bajo un evidente silencio institucional, el problema no solo persiste, sino que crece año tras año a la vista de todos.

Como sociedad civil no podemos seguir normalizando esta realidad, no podemos aceptar que la productividad agrícola venga acompañada de contaminación estructural. O defendemos el Paisaje Cultural Cafetero o terminamos administrando un Paisaje Cultural Plastiquero.

¿Dónde está CORPOCALDAS?

Esta entidad fue creada precisamente para proteger los recursos naturales del departamento de Caldas. Resulta llamativo que, con un presupuesto cercano a los 100 mil millones de pesos, destinados a la gestión ambiental, aparentemente no haya logrado o no ha querido implementar políticas eficientes para el manejo de estas bolsas.

CORPOCALDAS, cuenta con autoridad, instrumentos de planificación, capacidad sancionatoria y recursos públicos significativos. Sin embargo, frente a este problema su actuación ha sido insuficiente, no hay señales claras de urgencia, no hay liderazgo visible y mientras tanto, el paisaje se transforma en una bomba ambiental.

Estamos a tiempo de corregir este rumbo, pero se requiere decisión y voluntad política. CORPOCALDAS no puede seguir tibio, proteger el medio ambiente no es una opción es un mandato y ese mandato hoy no se está cumpliendo.

La inacción también es una forma de responsabilidad y el silencio en este caso, termina siendo cómplice de esta manera del plástico que avanza sobre nuestro territorio.

Abril de 2026.

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