Opinion

AÚN HAY OPORTUNIDAD

EDITORIAL

Por: Daniel Moreno Verhagen – Abogado, especialista en Gobernanza y Desarrollo Territorial.

Hay escenas que dicen más que cualquier estadística. Un jardín infantil con cupos vacíos. Unos colegios que cierran o que se vuelven mixtos por falta de estudiantes. Un barrio donde cada vez hay más adultos mayores y menos niños jugando en la calle. No es casualidad. Colombia está entrando en una nueva realidad: nacen menos personas y vivimos más tiempo. Y aunque suene técnico, esto ya está transformando la vida cotidiana.

En Caldas, este fenómeno se siente con más fuerza. Mientras algunos territorios aún hablan de crecimiento poblacional, aquí ya convivimos con el envejecimiento como presente. Y eso cambia todo: desde la economía hasta la forma en que se construyen las ciudades. La pregunta no es si debemos preocuparnos, sino si estamos entendiendo la magnitud del cambio.

Esta discusión no es solo un tema de números. Es un giro estructural. Menos nacimientos significa, en pocos años, menos trabajadores, menos cotizantes, menos dinamismo económico. Y al mismo tiempo, más personas mayores que requieren servicios de salud, cuidado y bienestar. Es una ecuación que, si no se anticipa, simplemente no cuadra.

Ahí es donde entra el Estado. Colombia necesita dejar de reaccionar y empezar a planificar. No basta con discursos sobre la familia o incentivos aislados. Se requiere una política demográfica seria: acceso real a vivienda, sistemas de cuidado infantil, condiciones laborales que permitan criar sin sacrificar la vida profesional. Pero también, una apuesta decidida por el envejecimiento digno. Porque el reto no es solo que nazcan más niños, sino que todos vivamos mejor.

Y hay una presión que no se puede ignorar: el sistema pensional y de salud. Cada vez habrá menos personas sosteniendo a más jubilados. Si no se amplía la base de cotizantes, si no se fomenta el ahorro y si no se redefine el rol de las personas mayores en la economía, el sistema simplemente no será sostenible. El envejecimiento no es el problema; el problema es no prepararse para él.

Las empresas, mientras tanto, ya deberían estar leyendo este cambio. El consumidor del futuro no será el joven de 25, sino el adulto de 50 o 60 que sigue activo, consume, invierte y decide. La llamada “economía plateada” no es una tendencia lejana, es una oportunidad inmediata: salud, turismo, vivienda adaptada, tecnología, servicios personalizados. Quien entienda esto hoy, liderará mañana.

Pero también hay un cambio cultural de fondo. Cada vez más personas deciden no tener hijos o postergarlos. No por egoísmo, sino por realismo: altos costos, incertidumbre, prioridades distintas. Pretender resolver esto con juicios morales es desconocer la realidad. El reto es construir una sociedad donde formar familia no implique renunciar al proyecto de vida.

Y las ciudades, ¿están preparadas? Basta mirar el entorno: andenes imposibles, transporte poco accesible, servicios lejanos. Seguimos diseñando territorios para una población joven, cuando la realidad va en otra dirección. Lo que viene exige ciudades caminables, seguras, con servicios cercanos y pensadas para todas las edades. No es urbanismo, es dignidad.

Pero no todo es alerta. También hay oportunidad. Caldas puede convertirse en un referente nacional si decide anticiparse: un territorio atractivo para el retiro activo, la salud especializada, la educación continua y la innovación social. En lugar de ver el envejecimiento como carga, puede convertirlo en ventaja.

Manizales, marzo 22 de 2026.

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