Opinion

POR FIN

EDITORIAL

Por fin se llegó la hora de las elecciones para Congreso de la República. Fueron 3 meses de campaña abierta e intensa donde terminaron fatigando a la ciudadanía por la contaminación visual y auditiva, la invasión de las redes sociales con publicidad y registro de actividades políticas, con las encuestas y sondeos de opinión, la asistencia a reuniones muchas veces obligados, la compra de rifas y bonos de apoyo, la presión ejercida sobre funcionarios y trabajadores para direccionar el voto, el juego con las expectativas de la gente.

Han corrido miles de millones de pesos en esta campaña electoral. Las cifras que han gastado muchos candidatos son asombrosas, entonces surge la pregunta: ¿cómo recuperarán estos recursos económicos?

La proliferación de candidatos es asombrosa: 1.124 aspirantes al Senado en 27 listas y 3.231 a la Cámara de Representantes en 527. La mayoría de ellos son rellenos o personas que no tienen ninguna posibilidad de salir electos y que solo contribuyen a confundir al elector y a congestionar los tarjetones. De ahí que se necesite una reforma electoral con carácter urgente para obligar a los partidos a confeccionar sus listas a través de consultas internas para que las listas sean cerradas.

El voto de opinión en estas elecciones queda en entredicho porque las regiones están atrapadas por cacicazgos políticos. Poca será la renovación del Congreso, y mucho menos es la motivación de la ciudadanía independiente para salir a votar el próximo ocho de marzo, pues observan con indiferencia y disgusto la danza de miles de millones de pesos para movilizar la ciudadanía a reuniones que proyectan una falsa imagen de poder, fuerza y convocatoria, pues asisten los amigos y familiares de los mismos funcionarios y contratistas que fueron presionados.

Para finalizar, cuando el congreso se convierte en inversión y no en vocación, el interés general y las reformas sociales que necesita el país quedan doblegadas a los intereses oscuros que obedecen a los compromisos privados de cada congresista.

Nuestra democracia no requiere más candidatos, sino partidos políticos más fortalecidos y una reforma electoral que ponga fin de una vez por todas a la dinámica de que para acceder al poder se requiera inversiones millonarias que el sueldo de congresista durante 4 años no alcanza a pagar.

Sumado a lo anterior, el ciudadano del común no tiene ni idea de la labor que realiza un Representante a la Cámara o un Senador. Falta pedagogía electoral y al mismo tiempo, mayor conciencia ciudadana del poder del voto para una renovación política que cambie de una vez por todas el Congreso de la Republica y con eso el modelo de país que los mismos congresistas se oponen a cambiar.

La gente ve a estos políticos luego de elegidos como pavos reales empoderados, con camionetas blindadas y escoltas, totalmente inaccesibles, que mientras en campaña sonreían, saludaban y abrazaban, después de elecciones no contestan el celular. Lastimosamente, se convierten en reyezuelos a los que hay que rendirles pleitesía para al menos, y con la mejor de las suertes, escuchar las peticiones ciudadanas por las que prometieron trabajar.

Pensilvania, marzo 1 de 2026.

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