Por: Mario Arias Gómez.
El Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado es una bofetada al agónico chavismo. Un reconocimiento a su tenaz lucha por la libertad del golpeado pueblo venezolano, víctima de un cleptocrático régimen de terror que ha dejado muertos, presos políticos y más de ocho millones de expatriados. Es el triunfo de la resistencia democrática y un vibrante llamado a la comunidad internacional a no abandonar al martirizado pueblo llanero.
Las corruptas fuerzas del mal encarnadas por Nicolás Maduro reaccionaron con furia. Carcomido por la frustración, el dictador cerró la embajada en Noruega, ignorando que el Comité Nobel es independiente del gobierno de Oslo.
Tildó de “bruja demoníaca” que Maduro le endosó a la galardonada, insulto amplificado por su apéndice ideológico, Gustavo Petro: el burlesco papanatas que se cree un Bolívar redivivo que con hueca parla, dogmatiza, predica sobre sobre lo divino y humano mientras el país se hunde en coca, corrupción, miseria.
El exguerrillero fue más allá: acusó a Machado de ser “aliada de Netanyahu”, sermón de quien ha hecho del calentamiento global, el narcotráfico y la mentira -sus banderas- una práctica de Estado.
A la orquesta del despecho se sumaron Rusia, Irán, Hamás, Hezbolá y los cárteles de la droga. En su excrecencia moral, Pablo Iglesias llegó a decir que “el premio se lo hubieran dado mejor a Hitler”.
La patética Claudia Sheinbaum, para no opìnar, adujo:“respeto la soberanía de los pueblos”, olvidando la presión al Perú para que repusiera al golpista Pedro Castillo. Díaz-Canel lo calificó de “vergonzoso”; y Evo Morales, prófugo por violación, afirmó que el galardón “respalda la mentira sobre la verdad y la esclavitud sobre la libertad”.
“Dependiendo de quién vengan los ataques, pueden ser los mayores elogios”, respondió con serenidad la heroína venezolana.
El Nobel es un espaldarazo mundial a su liderazgo y un homenaje a los millones de compatriotas que resisten la “más atroz y funesta dictadura” de la historia latinoamericana.
María Corina Machado (58 años), ingeniera, madre y socialdemócrata, primera venezolana en recibir el Nobel de la Paz y la vigésima mujer en lograrlo. Ya había sido distinguida con los premios Sájarov y Václav Havel.
Es además el segundo Nobel para Venezuela, después del obtenido en 1980 Baruj Benacerraf, en Medicina, nacido en Caracas.
Su cruzada pacífica la ha expuesto a constantes amenazas. Pero sus reconocimientos la blindan simbólicamente para seguir enfrentando la demoníaca, tiránica maquinaria socialista, nacida del artificio de Hugo Chávez y perpetuada por su heredero, Maduro, verdugo que hundió al país en la ruina moral, económica y en el catálogo completo de los crímenes de lesa humanidad.
El mundo la escucha. Su voz tronó llamando a no claudicar en la lucha por la democracia.
Su grito también resonó en Washington, donde Donald Trump firmó el ‘finding’ que autoriza operaciones encubiertas en Venezuela, en respuesta a la remesa de criminales enviada por Maduro a EE. UU. y al auge del narcotráfico auspiciado por el régimen.
Más temprano que tarde -la historia lo confirmará- veremos a las cabezas del Cártel de los Soles enfundadas en uniforme naranja, junto al cómplice mayor, Gustavo Petro, a quien Trump calificó de “lunático, matón, mal tipo”, “errático”, “el peor presidente de Colombia”, “líder del narcotráfico que llevó la cocaína a niveles históricos”.
Adicional, el presidente estadounidense anunció la suspensión de toda ayuda económica, dejando la recurrente espada de Damocles -léase- de los aranceles pendiendo sobre las exportaciones colombianas, atención al caprichoso deslenguado de marras -agregada su inclusión (con su familia) en la lista Clinton, con su parigual drogadicto (compulsivo) Armando Benedetti-.
Nadie derramará una lágrima cuando esta maligna dupla sea enmarrocada.
¿Con qué autoridad moral hablan Maduro y Petro de soberanía?, luego de robarle el triunfo al exiliado Edmundo González Urrutia, reconocido por EE. UU., la Unión Europea, la OEA y más de treinta democracias.
El clamor internacional es unánime: justicia. El Consejo de Seguridad de la ONU y organizaciones de derechos humanos piden a la Corte Penal Internacional emitir orden de arresto contra el tirano de Miraflores, asegurándole un puesto en el basurero de la infamia.
El Nobel de María Corina Machado -inscrito ya en la historia universal de la libertad- honra a esta valiente mujer: es el grito del mundo libre contra la opresión, el símbolo de que la verdad, la dignidad y la libertad siempre terminan imponiéndose sobre el miedo y la tiranía.
Aclamación de su legitima causa, a poyo a la incansable, épica lucha en defensa de la libertad, la democracia -soportes de la paz duradera-, ideal que inspiró al fundador del Nobel.
Bogotá, D. C., 25 de octubre de 2025.
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