EDITORIAL
Vivimos en un país donde la desigualdad no solo es una estadística, es una herida abierta que muchos prefieren ignorar. Mientras algunos cuentan monedas para comer, otros cuentan excusas para no ayudar. Nos hemos convertido en una sociedad que ve el dolor ajeno como paisaje, que romantiza la caridad ocasional, pero olvida la solidaridad estructural.
Y sí, todos somos culpables. Culpables por la indiferencia, por el egoísmo, por ese individualismo disfrazado de libertad que nos hace creer que solo debemos preocuparnos por los nuestros. Como si vivir en sociedad fuera solo un contrato de conveniencia y no un compromiso ético de corresponsabilidad.
No se trata de dar solo lo que nos sobra. Se trata de poner en juego nuestro tiempo, nuestras ideas, nuestros talentos y hasta nuestros privilegios por el bienestar de los demás. Porque mientras sigamos viviendo de espaldas al otro, no habrá reforma que valga, ni gobierno que alcance, ni milagro que nos salve.
La solidaridad no es un gesto bonito, es un deber social. No es un favor, es una obligación moral. Lo que hacemos —o dejamos de hacer— por los demás, dice más de nosotros que cualquier discurso. Y lo cierto es que podríamos estar haciendo mucho más.
Este editorial no busca señalar a un sector político, ni a una clase social, ni a una generación específica. Nos señala a todos. Porque mientras haya un niño sin estudiar, un abuelo sin atención médica, una mujer sin oportunidades o un joven sin futuro, todos, sin excepción, estaremos fallando.
Es hora de despertar de la anestesia del confort. De dejar de ver la vida como una competencia y empezar a vivirla como un proyecto colectivo. Si queremos una sociedad más justa, equitativa y humana, no basta con esperar a que alguien más la construya. Nos toca a todos. Y nos toca ya.
La solidaridad personal, social y empresarial puede evitar que un niño sin estudio, a merced de las redes criminales, cometa una tragedia nacional. Y como este hecho, muchos más. Cada oportunidad negada, cada indiferencia, cada abandono, puede terminar en una historia que lamentaremos como sociedad.
Llegó la hora de ayudar. Hoy, más que nunca, asumamos juntos la responsabilidad de construir un país donde nadie se quede atrás.
Manizales, junio 15 de 2025.












