EDITORIAL
El 20 de julio de 2019, al senador Ernesto Macías, presidente del Senado de la época, en la sesión del Congreso, la última que presidiría, dejó el micrófono abierto y, creyendo que nadie más lo escuchaba, dijo “es que nos toca por obligación que ellos hablen después del presidente, y entonces, si le pido a la Comisión que acompañe al presidente y lo saco de aquí, eso no lo saben. Esa es mi última jugadita de presidente”. Se trataba de evitar que el presidente Iván Duque escuchara la réplica de la oposición como lo ordena la ley.
Esto generó un gran escándalo denominado “la última jugadita”, lo que ameritó una investigación por parte de la Comisión Ética del Senado, la que, como era de esperarse, en marzo de 2022, fue archivada.
Ahora la historia se repite con otro actor, el actual presidente del Senado, Efraín Cepeda, quien el pasado jueves utilizó varias “jugaditas” para evitar que la propuesta de consulta popular presentada por el presidente de la República fuera aprobada en esta Corporación. Modificó el orden del día, cerró el registro para votar antes de completarsen tres minutos cuando lo usual, y se pueden, 30, sin esperar a que llegaran por lo menos otros cuatro senadores que ya venían en camino para depositar su voto por el ‘Sí’. El resultado final fue muy estrecho 49 – 47.
Actuaciones como estas son las que tienen completamente desprestigiado el Congreso de la República que no supera el 18% de aprobación o favorabilidad entre los colombianos, además de desestimular la participación democratica.
Alberto Lleras Camargo escribió hace 4 décadas largas una excelente columna denominada “El avivato” donde describe de forma magistral estos comportamientos: “Los colombianos emplean -e inventaron- un término para calificar una forma de la picardía que escapó a los escritores españoles del siglo de oro…es un tío que resuelve todos sus problemas e invita a los demás a resolverlos por medios que están apenas al borde de la ley, y en ocasiones por debajo de la ley, pero en un sitio que no es fácil de descubrir. Y es esencialmente quien ha inventado todo género de trucos para burlarse del Estado, de todas sus reglamentaciones…”. Es de anotar que cuando este expresidente y estadista liberal hizo este escrito, aún Efraín Cepeda no era senador.
Los congresistas, mal llamados “padres de la patria”, tienen la obligación moral de dar ejemplo y ser transparentes en sus actuaciones. Estas marrullerías han acabado con la imagen de esta rama del poder público dando la impresión de que allí todo se negocia, todo se puede. ¿Cómo entender que ahora revivan el debate de la reforma laboral cuando hacía pocas semana le habían dado entierro de quinta en la comisión séptima del Senado? Juegan con el reglamento del Congreso como les da la gana aplicando toda clase de triquiñuelas.
La dignidad de presidente del Senado, quien a su vez es del Congreso de la República, ha sido mancillada por las actuaciones de muchos de quienes han ocupado esta importante posición. Cómo olvidar a expresidentes de esta Corporación que han terminado privados de la libertad o incursos en monumentales escándalos. Sólo mencionaremos algunos del año 2000 hasta la fecha: Miguel Pinedo, Mario Uribe, Carlos García, Luis Alfredo Ramos, Luis Humberto Gómez, Hernán Andrade, Javier Cáceres, Armando Benedetti, Juan Manuel Corzo, Roy Barreras, Ernesto Macías, Lidio García, Arturo Char, Juan Diego Gómez, Dilian Francisca Toro, Nancy Patricia Gutiérrez, y el recien capturado, Iván Name. Esto es una vergüenza.
Por ello es tan importante y necesaria la renovación del Senado de la República para el próximo período. Personajes atornillados a sus curules como Efraín Cepeda quien con 75 años de edad lleva 8 períodos consecutivos como Senador sin que se conozca aporte u obra importante y trascendental para el país, y muchos otros, ya hacen pensar en el necesario cambio que oxigene esta Corporación tan duramente golpeada por sus propios miembros.
Lo más grave es que se calcula que el 80% de los actuales senadores aspiran a ser reelegidos en las elecciones del 8 de marzo de 2026. Mientras no se renueve el Congreso, ningún presidente de la república podrá adelantar las propuestas y transformaciones que propone en campaña.
El Congreso, especialmente el Senado, en lugar de viabilizar grandes reformas que beneficien a los colombianos, obstaculizan.
Manizales, mayo 18 de 2025.













