Opinion

¡PENSILVANIA!

Por: Mario Arias Gómez.

Pasa el tiempo, se arrugan alma y corazón, envejecemos, la vida se nos agota, pero no el amor por la legendaria patria chica, excepcional, inmarchitable, insuperable, patriarcal, soñado, mítico pedacito de cielo (azul celeste), la bella ¡PENSILVANIA!, tierra de promisión fundada el 03 de febrero 1866.

Cuna de la que muy joven partí en un bus de la Arauca, con un morral como equipaje, atiborrado de sueños, ideales e ilusiones, equipado con los valores engendrados por mis mayores, fortificados por los Hermanos de San Juan Bautista de la Salle, verdaderos Maestros -con mayúscula-.

Forzada migración producto de la falta de oportunidades educativas que hoy sobran, en busca -además- de un mundo nuevo, de experiencias, de un espacio -lejos de la incertidumbre- donde formarnos, encumbrarnos, realizarnos, labrar -esperanzados- el futuro, donde hacer realidad los sueños, el insaciable afán por superarnos, por conquistar en síntesis la esquiva cúspide del éxito.

Quimera que la cruda, puta realidad -que nos endureció el alma, el corazón- puso en su sitio; coraza con que llegamos al ineludible, inexorable final -próximo- cuyas cenizas resultas del fatigado esqueleto, espero ‘vivan su otra vida’ en el punto de partida. Perdón por la hipérbole. Inagotable cantera de admiradas, armoniosas, lindas, guapas, hacendosas, telúricas mujeres de embeleso.

Aludidos. perennes valores -morales, intelectuales- ejemplificados por los eruditos, icónicos: Milcíades Cortés+, los Hermanos Gonzalo Carlos+, Estanislao Luís+ (Lumaro Franco), Bernardo Ospina+, juez de Circuito -entre otros-, y entre los vivos, Gerardo Aristizábal representa a la nutrida pléyade de lumbreras en todos los saberes, prenda de honor -sin excepción- de la rebautizada, ¡Perla del Oriente de Caldas!, postinero título otorgado por su belleza natural y calidad humana de sus pobladores. Oasis al que este humilde escriba -de lágrima fácil- se ha autoimpuesto -años ha- el inveterado ritual de cantarle, emocionado, cada ¡DICIEMBRE!, memoriosas, palpitantes, deshilvanadas notas de exaltación -salidas del alma-, pergeñadas afectuosamente, tomando como leitmotiv: la tradición.

Recordaciones originadas por los palpitantes, reconfortantes reencuentros familiares grabados -al fuego- en la memoria, y que por esta época -con un encanto especial- alegremente resucitan, junto al amor que brota a borbotones, avivado por los infantiles juegos del beso robado, la pajita en boca, el hablar y no contestar.

Evocaciones contentivas de peculiar, apasionante aroma de campiña fresca, tierra mojada, cardos floridos, musgo, primeros pasos -nada ecológicos-, en que íbamos al bosque a cortar pinos en pleno desarrollo, graduándonos de inocentes depredadores de los nacimientos de agua, materia prima que daba vida a las empolvadas cajas con las figuras del pesebre, incluidos los canónicos burro y el buey. cuyo cálido aliento calentaba al niño.

Período con olor, sabor a tamal, a natilla, buñuelo; a dulce de breva, papayuela; al gustoso ‘choncho’ chamuscado, a chorizo con arepa, sancocho de espinazo, mazamorra con panela raspada. Éxtasis que por estos días emanan aún de las relucientes cocinas de las abuelas. Recordarlos, la boca se hace agua.

Navidad: una de las fechas más memorables, esperadas alrededor del mundo, iluminada por luces multicolores, acompañada con villancicos interpretados por el entorno familiar, junto árbol de navidad, donde a su alrededor se acumulan los aguinaldos. El origen y significado del pesebre parte de San Francisco de Asís -santo de la humildad y la pobreza-, en la Navidad de 1223 en Greccio, en que, encontrándose gravemente enfermo, convencido que sería su última celebración, hizo preparar para la misa de Navidad una pequeña gruta, representativa del portal de Belén.

Se popularizó tanto la susodicha representación que llevó a que se fundara en París en 1465, la primera fábrica de pesebres. Concelebración tenida como uno de los actos litúrgicos más relevantes y simbólicos de la cristiandad. Algunos historiadores creen que Jesús no llegó al mundo en Belén. Según el evangelista San Marcos, proviene de Israel; postura avalada por Benedicto XVI.

Paisaje tutelado por los fastuosos: Piamonte y Morrón, el exuberante verdor plasmado por la delicada paleta de Virgilio Patiño en sus cuadros que no dejo de admirar. Manera de refrescar la memoria, de poner de presente que seguimos milagrosamente vivos.

Hoy 16 de diciembre se encienden en el mundo los reflectores, como los pebeteros de los vívidos, perfumados recuerdos atesorados -en Pensilvania- eh sus empinadas calles, historias que rivalizan con las de nuestros mayores.

Desde esta tribuna ruego al Altísimo como aguinaldo para Colombia en general y para mis paisanos y amigos en particular, ¡que cese la corrupción, la violencia, que fructifique la Paz!

Que así sea.

¡FELIZ NAVIDAD!

Bogotá, D.C. 16 de diciembre de 2023

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