Opinion

LAXITUD MORAL

EDITORIAL

Al escuchar las grabaciones suministradas a la Fiscalía General de la Nación por el exdirector de Invías, Daniel García Arizabaleta, dentro del principio de oportunidad en el proceso penal que se le adelanta por el caso de Odebrecht, no se puede dejar de sentir náuseas.

Las pruebas aportadas revelan ni más ni menos el engaño del que fuimos objeto todos los colombianos por parte de reconocidas figuras de la vida pública, cuyo actor principal es el excandidato presidencial, Oscar Iván Zuluaga.

Estas grabaciones registran en detalle, el diseño de un entramado, con brazos en Brasil, para engañar a la justicia colombiana en diferentes instancias, lo mismo que a la autoridad electoral.

Dice la sabiduría popular que, de riqueza y santidad, la mitad de la mitad. Es lo que sucede en este caso. Durante décadas estos actores políticos han clasificado a los demás, entre buenos y malos, entre honestos y bandidos, en una postura moral fingida de “Gran Juez” y únicos poseedores de la moral pública, simplemente para crear cortinas de humo que tapen sus actuaciones non sanctas.

¿Cómo puede ser posible que un padre se siente con su hijo a planear un engaño y la forma de evadir las responsabilidades ante las autoridades judiciales y electorales? ¿Cómo puede ser posible que tuvieran hasta un sacerdote católico como validador? ¿Si personas que se precian de sus virtudes morales actúan de esta forma, entonces dónde estamos?

Durante décadas han estigmatizado a otros, trasladado responsabilidades a los demás para evadir las propias y justificar sus actos victimizándose. Han condenado injustamente a quienes se han atrevido a levantarles la voz y cometer como único pecado el no someterse a su yugo, además de tener la valentía de apartarse de sus lineamientos políticos, lo que para ellos es catalogado como pecado mortal. Hoy ya se puede colocar en una balanza la moral de cada uno.

Las menciones en estas mismas grabaciones sobre Alexander Vega y la forma como cuadró en el Consejo Nacional Electoral para que el caso de la financiación de las campañas presidenciales de 2014 quedara en “tablas”, no es de extrañar. El pueblo colombiano ya conoce de sus vagabunderías especialmente durante su ejercicio actual como Registrador Nacional del Estado Civil.

Un país con una dirigencia política que tiene la moral tan laxa no puede ser viable.

Pensilvania, julio 02 de 2023.

LA CONFESIÓN DE ZULUAGA

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