Opinion

EL CAMBIO EN PRIMERA *

Fue una de las frases de la campaña presidencial del Pacto histórico que culminó el pasado 19 de junio rodeada de altibajos, fragosidades, asperezas, como para olvidar, iniciándose una etapa para Colombia denominada por los triunfadores de CAMBIO INSTITUCIONAL, que ojalá suceda para bien de los que habitamos este territorio, con unas políticas de gobierno que respondan al modelo de Estado social de derecho como lo regula el artículo primero de la Constitución del 91, en el cual las normas sean interpretadas con equidad, razonabilidad y sentido social,  donde el gobernante de turno que lo será a partir del 7 de agosto se deba al pueblo que lo ungió como su presidente, y no aquellos hacia este.

Se ha invocado un pacto nacional para una mejor gobernanza o gobernabilidad, con respuesta generosa del partido al que pertenezco, el liberal, en la búsqueda de la paz social, para una mejor convivencia ciudadana, dejando esas etapas de aniquilamiento social y político, de odios y resentimiento que han polarizado la sociedad colombiana.

Pero para concretar esas aspiraciones, se debe desligar el espíritu de partido, del espíritu de gobierno, como tesis principal en los actos futuros de la nueva administración, sin que ello implique una claudicación o traición a las ideas expuestas desde la oposición que fue el trasegar político del nuevo presidente, a quién seguramente los más radicales pretenderán continuar con un gobierno de partido, tratando de imponer las tesis de la beligerancia gubernamental.

No, no es esa la ruta, es que precisamente jefe de partido es denominación opuesta y totalmente contraria a la de jefe de estado, a la de primer mandatario de la nación, así como litigante es categoría diferente a la de juez.

Al jefe de Estado se le ha llamado por antonomasia el primer magistrado de la nación, por que ejerce en lo político tarea análoga al magisterio de la justicia, representa la equidad social, tan esquiva en nuestro país en los últimos lustros y no hacerlo así, se estaría incurriendo en una especie de prevaricato político, para quien quiera refundir en una misma persona las funciones de jefe de partido y jefe de   estado.

Seguro estamos que, dada la trayectoria política, como uno de los mejores exponentes de la oposición parlamentaria, como presidente en ejercicio eleve estos principios a la categoría inequívoca de trasparencia y moralidad política administrativa, rescatando para la democracia la figura constitucional de los frenos y contrapesos tan manoseada por el gobierno que expira.

Creemos no equivocarnos que ese es el pensamiento que desea socializar el nuevo mandatario con todas las corrientes políticas de la nación, sin ofrecimientos burocráticas de por medio, que, si bien fue elegido por un alto porcentaje de la votación, a partir del 7 de agosto a las 4:00 pm se viene a constituir en el presidente de todos los colombianos, ratificando así el significado de la política de la convivencia nacional.

La mejor de las suertes para el presidente Petro, ligado a la suerte de todos los colombianos.

ADENDA: Que la nueva administración que se inicia el 7 de agosto, desvirtué el adagio político popular, que “las campañas políticas se hacen a través del verso, pero se gobierna en prosa”, o el principio del gatopardismo,“cambiar todo, para que Nada cambie,” en buen romance, el mantenimiento de las estructuras de poder, mediante cambios superficiales.

* Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.

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