Opinion

LO QUE NOS QUEDARON DEBIENDO *

La falta de propuestas, la polarización, las intervenciones llenas de recriminaciones hacia el contendor, de posturas encontradas, las promesas muchas de ellas con un tufillo demagógico, la utilización de un lenguaje bufón y grotesco  de un aspirante presidencial ante  la carencia conceptual en temas de estado, es lo que ha caracterizado la actual campaña electoral, donde sobresalen las críticas al pasado, con debates intranscendentes, que poco o nada aportaron para conocer los programas de gobierno de cada uno de los candidatos.

Nos quedamos esperando sus apreciaciones en materia de justicia, su reforma estructural que favorezca al ciudadano de a pie, al que solo le interesa que le fallen sus demandas en tiempo oportuno, por cuanto una decisión tardía constituye denegación de justicia, el regreso por los fueros de la seguridad jurídica, que proponen para recuperarla, como otros tantos temas judiciales para hacerla creíble ante la opinión ciudadana.

Pero si lo anterior fue expuesto de una manera ligera, que no decir de la parte hacendística, la política fiscal y tributaria, la falta de claridad en asuntos tan neurálgicos para el ciudadano, como lo  son los impuestos, su ámbito de aplicación, la inequidad de los mismos, que nos hace recordar la frase del inmolado jefe de partido Rafael Uribe Uribe, “En Colombia nadie paga lo que debiera, de cierta riqueza para arriba y todos los demás pagan lo que no debieran de cierta  pobreza para abajo”.

También se quedó en el tintero por parte de los aspirantes presidenciales sus conceptos sobre la necesaria reforma política electoral por la erosión constante de la confianza de la ciudadanía en los voceros populares elegidos, por cuanto con el actual sistema es imposible seguir haciendo elecciones libres en Colombia, prueba de ello lo sucedido con las pasadas elecciones legislativas.

Tema neurálgico como recurrente es el de las pensiones, con propuestas disímiles, desde la afirmación de un aspirante que todo cotizante deberá tener pensión, hasta el cambio de los modelos de competencia entre los sectores público y privado.

Seguramente este será el punto de gobierno de mayor importancia para quién obtenga el favor popular, a quién se le debe recordar, como a sus equipos asesores, el principio jurídico de los DERECHOS ADQUIRIDOS, que con el afán de obtener un apoyo en ciertos sectores, se atropellen otros, que han obtenido el derecho a la pensión conforme a la normatividad jurídica vigente, protegidos por mandato constitucional, entendiendo por tal, el derecho que ha entrado al patrimonio de una persona natural y que hace parte de  él, y que por lo mismo  no puede ser arrebatado o vulnerado por quién lo creó y reconoció legítimamente.

Lo anterior, no es más que el debido respeto por el estado de derecho obligado a cumplir por quien sea ungido presidente, cualquiera que sea su orientación ideológica. Lo contrario sería caer en el campo del absolutismo.

ADENDA: Cierto es, que los sondeos y las encuestas hacen parte de nuestro paisaje preelectoral, que bien sirven para orientar la voluntad del ciudadano votante o dejarlo en una incertidumbre o vacilación cuando de por medio no se tiene una firme convicción política o ideológica, corriendo el riesgo de caer en el campo de la manipulación, cuando se emplea como arma para golpear al adversario, muchas veces con la magnificación por los medios de comunicación que en lugar de ser analistas objetivos, se convierten en jefes de campaña.

La mejor y verdadera encuesta electoral, es la del día de elecciones. Lo demás es especulación y adrenalina al máximo.

Nota al margen; será posible pedirles a los señores candidatos una mejor presentación personal, a excepción del señor Murillo quién lo hace decorosamente, una campaña de descachalandrados, como los calificara un columnista caleño.

* Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.

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