Opinion

LOS PARTIDOS POLÍTICOS. SU FUTURO

José Ferney Paz Quintero

Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.

Ante las desconcertantes alianzas que se dieron en las pasadas elecciones, donde los enemigos y opositores del ayer, se convirtieron de la noche a la mañana en socios políticos, sin entidad programática e ideológica alguna, solo por sumar unos votos que les garantizara obtener unas curules, nos hace concluir que, si se sigue en esa línea política, no es extraño que su futuro sea incierto después de más de siglo y medio sirviendo de soporte en el fortalecimiento de la democracia colombiana.

Reconocer que, sin partidos políticos sólidos, con programas de peso, se seguirá eligiendo a personas y no proyectos país, cada cuatro años el país se ilusiona con un nuevo Congreso y un nuevo presidente, y al final de cada periodo viene la decepción, la razón de lo anterior, porque elegimos nombres, no programas, elegimos a hipotéticos líderes, no partidos.

La crisis de institucionalidad por la que se atraviesa es porque los partidos tradicionales se convirtieron por desgracia en franquicias electorales, no hay militancia afiliada, solo electores, ausencia total de debate conceptual, de tesis programáticas, solo se busca afanosamente el aval, y cuando se obtiene se trabaja no en función de partido, sino en función individual, desconociéndose lo que debe entenderse por ley de bancadas.

Es imperativo fortalecer los partidos si se desea pasar de gobierno de personas, a gobiernos de estado, donde el nuevo presidente se compromete con un programa apoyado en las urnas por cuatro años ante el Congreso y ante el país.

A lo anterior se suma los reiterados hechos denunciados, de corruptela, falsedades, compra de conciencias, fraudes electorales, donde aparecen comprometidos miembros de la clase política, siendo imposible desconocer esa realidad sociopolítica, que viene generando un descalabro moral, debilitando a las estructuras politicas y a la poca democracia que nos queda, con algo demasiado grave para el concepto de estado, la pérdida de confianza en los órganos rectores del país.

Ahora bien, no todo está perdido ni disuelto, tiempo para una sana reflexión sobre la suerte de estas organizaciones políticas que constituyen la base de la democracia, máxime en esta época de tantas formas de intermediación, sobre todo con los medios electrónicos, las redes sociales cada vez están más activas en política, prueba de ello varios de esos voceros salieron elegidos por voto popular.

Máxima para tener en cuenta; “gobernar para todos empieza por construir con todos, y eso solo lo hacen los partidos”.

ADENDA UNO. Una gran verdad, el futuro de los partidos políticos dependen de ellos mismos, en su modernización, depuración de sus huestes, regresar por los fueros de sus plataformas ideológicas, si en verdad desean seguir siendo voceros de la opinión pública que les garantice la masiva concurrencia a las urnas en las contiendas futuras, de no ser así, los espontáneos, con un discurso vacío y de baranda serán los que orientarán en teoría la nación.

ADENDA DOS. Se convirtió en una telenovela la posesión del presidente electo, quien desea hacerlo en una instalación militar, alejándose de lo que establece la Constitución que sea ante el Congreso, institución obligada a que se le reconozca como una rama independiente del poder público.

Una cosa es posesionarse ante el órgano competente, Congreso, otra cosa hacerlo ante el estamento militar, ese simbolismo erosiona el concepto de institucionalidad, sin considerar los costos que implica esa idea capricho del nuevo inquilino presidencial, que al decir tendrá varias sedes a lo largo del territorio nacional, con una propuesta de capital alterna, que tendrá que someterla a través de una reforma constitucional.

La pregunta a formular sería ¿Si Bogotá, la ciudad de todos le fue favorable al presidente electo, la razón para que la quiera someter a una capitis deminutio?

Llama la atención el silencio de la dirigencia capitalina frente a este tratamiento que bien puede tener aspectos inconstitucionales.

Ver para creer: Un presidente en el final de su lánguido mandato, defendiendo o mejor avalando hechos de corrupción de sus pupilas Guerrero, según denuncias de la revista Semana.

¿Será que los organismos de control y en especial la Fiscalía le dan la importancia judicial requerida?

*Ex magistrado.

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