Por: Michael Andrés Corrales Buitrago – Trabajador social.
Caldas ha sido históricamente un fortín de la derecha tradicional. Durante décadas los mismos sectores políticos han gobernado el departamento bajo estructuras de poder que parecían inamovibles. Sin embargo, en los últimos años ese panorama comenzó a transformarse con el ascenso nacional del progresismo impulsado por Gustavo Petro y la construcción de nuevos relatos políticos más enfocados en la justicia social, los derechos, el ambientalismo y las luchas populares.
Hasta antes de 2022, la izquierda en Caldas había tenido una presencia fragmentada y con poca capacidad electoral. Existían liderazgos y procesos sociales importantes, pero no una fuerza política capaz de disputar seriamente espacios de poder. Esa realidad comenzó a cambiar con la llegada de Santiago Osorio al Congreso de la República.
Aunque inicialmente algunos sectores fueron escépticos frente a su liderazgo, con el tiempo Osorio logró consolidarse como una figura capaz de articular distintos sectores alternativos alrededor de una agenda progresista en el departamento. Más allá de simpatías personales, resulta difícil desconocer que bajo su liderazgo la izquierda caldense pasó de la marginalidad electoral a convertirse en una fuerza competitiva en concejos, alcaldías, Asamblea y Cámara de Representantes.
La coalición Pacto–Verde es quizá la mayor muestra de ello. En las elecciones legislativas más recientes obtuvo 73.055 votos, convirtiéndose en la lista más votada de Caldas. La lista estuvo conformada por Santiago Osorio, Nora Contento, Álvaro García y Erika Muñoz, reflejando precisamente una apuesta de convergencia entre distintos sectores alternativos.
Sin embargo, el crecimiento político también ha traído divisiones internas. Algunos sectores que hicieron parte de esta construcción colectiva han comenzado a reclamar para sí mismos la representación exclusiva de la izquierda, cayendo en una lógica sectaria que históricamente ha debilitado a los movimientos progresistas.
La mayor muestra reciente fue un comunicado firmado de manera genérica bajo el nombre de “Pacto”, en el que se cuestionaba la lucha liderada por Osorio contra los peajes del departamento. Más allá de las diferencias políticas legítimas, preocupa que pequeños sectores pretendan hablar en nombre de toda una coalición sin una construcción colectiva real.
Y es precisamente allí donde el debate deja de ser interno para convertirse en una discusión social. La lucha contra los peajes no ha sido un capricho político. Municipios como Chinchiná han sufrido durante años las consecuencias de concesiones que frenan el desarrollo económico y afectan la movilidad de miles de ciudadanos.
Peajes como San Bernardo, Las Pavas y Tarapacá II no solo representan altos costos económicos para las familias; también han terminado fragmentando territorios. Basta observar casos como el Kilómetro 41, zona de expansión urbana de Manizales, o las veredas de Chinchiná cuyos habitantes deben pagar sumas excesivas incluso para desplazarse hacia su propia cabecera municipal.
Por ello no resulta extraño que incluso el presidente Gustavo Petro haya respaldado públicamente esta causa. La discusión sobre los peajes terminó convirtiéndose en una bandera popular y ciudadana.
Mientras algunos optaron por la división y los comunicados ambiguos, otros dirigentes, candidatos y organizaciones del progresismo decidieron cerrar filas alrededor de esta lucha social. Allí quedó demostrado que gran parte del movimiento alternativo en Caldas entiende que las transformaciones reales solo son posibles desde la unidad y no desde disputas de ego o protagonismo.
El respaldo a esta causa fue expresado públicamente por organizaciones como Colombia Humana, Juventud Comunista Colombiana, Ni Un Paso Atrás, Organización Colombiana de Pensionados, Partido Comunista Colombiano y Somos la Mayoría. Asimismo, candidatos de la coalición Pacto Histórico – Alianza Verde al Congreso de 2026, como Nora Milena Contento Castaño y Álvaro García Velásquez, también acompañaron esta posición.
La experiencia de las elecciones regionales de 2023 dejó además una lección clara: cuando cada sector decide ir por separado, el progresismo se debilita. La dispersión terminó fragmentando el voto alternativo y reduciendo las posibilidades reales de consolidar una alternativa fuerte frente a los sectores tradicionales.
Por eso resulta importante reconocer el papel que ha jugado Santiago Osorio en la articulación de distintos sectores progresistas. No porque sea el “dueño” de la izquierda caldense, sino porque ha sido uno de los pocos dirigentes capaces de construir puentes entre organizaciones, liderazgos sociales y ciudadanos inconformes con la política tradicional.
La historia política demuestra que el sectarismo ha sido uno de los peores enemigos de la izquierda. Cuando las diferencias se transforman en divisiones irreconciliables, los proyectos terminan debilitándose desde adentro y perdiendo la posibilidad de generar cambios reales.
En conclusión, ninguna persona puede atribuirse exclusivamente la representación del progresismo en Caldas. Sin embargo, también sería injusto desconocer que bajo el liderazgo de Santiago Osorio la izquierda logró avanzar hacia un escenario de mayor cohesión y competitividad política. El reto ahora será mantener esa unidad, fortalecer nuevos liderazgos y entender que solo desde la convergencia será posible construir una verdadera alternativa de poder para el departamento.
Manizales, mayo de 2026.













