Opinion

LA VERDAD TRAS EL TREN DE ARAGUA

Natalia López Arboleda

Natalia López Arboleda – Politóloga UAM – Especialista en Contratación Pública UM.

En el panorama de las relaciones internacionales, la diplomacia se convierte en un escenario donde las palabras son armas cargadas de significado. En este contexto, las recientes declaraciones del canciller venezolano, Yván Gil, negando la existencia del Tren de Aragua, han desatado una ola de controversia.

El Tren de Aragua, una organización criminal internacional que ha sembrado el caos en varios países de América Latina, ha sido objeto de intensos debates y preocupaciones por parte de los gobiernos afectados, sin embargo, la postura de negación por parte de las autoridades venezolanas agrega una capa adicional de complejidad a esta problemática.

Las palabras de Gil que aseguran que el Tren de Aragua es una invención de la «mediática internacional» para desacreditar a Venezuela, no puede tomarse a la ligera. Si bien es cierto que existen intereses políticos y agendas mediáticas que pueden distorsionar la realidad, no se puede ignorar la evidencia tangible de la existencia y actividad de esta banda criminal.

Es comprensible que un gobierno pueda sentirse agraviado por acusaciones que considera injustificadas o sesgadas, pero, la negación categórica sin presentar pruebas contundentes solo alimenta la desconfianza y la especulación. En lugar de cerrar filas y rechazar de plano cualquier señalamiento, sería más constructivo para Venezuela y sus relaciones internacionales abordar estas preocupaciones con transparencia y cooperación.

La falta de colaboración en la lucha contra el crimen organizado transnacional solo profundiza las divisiones y obstaculiza los esfuerzos conjuntos para combatir una amenaza que no reconoce fronteras. Negar la existencia del Tren de Aragua no hace que desaparezca, más bien, genera una fisura en la credibilidad de las instituciones y la voluntad de trabajar en conjunto para enfrentar este desafío común.

Las implicaciones diplomáticas de esta negación son significativas. La llamada a consultas del embajador chileno en Caracas por parte del presidente Gabriel Boric, es un claro indicio del impacto que estas declaraciones tienen en las relaciones bilaterales, aumentando tensiones que solo alejan la posibilidad de encontrar soluciones mutuamente beneficiosas. La verdad sobre el Tren de Aragua y otras organizaciones criminales no puede ser ocultada por meras declaraciones diplomáticas, sino que requiere un compromiso genuino con la justicia, la seguridad y la cooperación internacional.

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