Opinion

LA POBREZA EXTREMA, UNA LUCHA POR CONTINUAR E INAPLAZABLE

Por: Wilder Escobar.

Uno de los más grandes retos asumidos por cada Estado moderno y que se encuentra dentro de las prioridades de cada gobierno de turno, es la lucha contra la pobreza. Es más que evidente el éxito de algunos y el fracaso de otros en esta misión, sin que ninguno de ellos haya logrado su erradicación total, por lo que es un objetivo constante y eterno para todos.

¿Pero que debemos entender por pobreza? Es evidente que desde el punto de vista semántico, es una palabra con una amplia zona de indeterminación que puede provocar dudas o interpretaciones erróneas sobre lo que se entiende por ella. Por ejemplo, Naciones Unidas dice que “la pobreza va más allá de la falta de ingresos y recursos para garantizar unos medios de vida sostenible. Entre sus manifestaciones se incluyen el hambre y la malnutrición, el acceso limitado a la educación y a otros servicios básicos, la discriminación y la exclusión social y la falta de participación en la adopción de decisiones”; a su vez, la Organización Mundial de la Salud la define simplemente como “la enfermedad más mortal del planeta” debido a los millones de muertos que causa en el mundo; el diccionario de “Oxford Lenguages” la define como escasez o carencia de lo necesario para vivir. De un análisis superficial de las tres definiciones podemos observar que el significado de ésta varía, de acuerdo con quién la define, ya que para unos constituye pobreza la carencia de lo necesario para vivir, mientras otros piensan que ser pobre va más allá de eso, al considerar que la discriminación, la exclusión social y la participación en las decisiones que los afecten son parte de este concepto.

Es debido a esa indeterminación que no existe una única definición específica de lo que es pobreza, al comprenderse que de ésta existen diversos tipos que surgen de acuerdo con los factores que la generan, por lo que cada uno de esos tipos de pobreza tiene su propia definición y método de medición, al respecto podemos recordar que existen entre otras: la pobreza coyuntural; la estructural; la relativa; la absoluta o extrema; la infantil; la material; y en cuanto a su ubicación geográfica tenemos la rural o la urbana. Los Estados luchan, de acuerdo con su desarrollo, con algunas de ellas o contra todas. Lamentablemente este último es el Caso de Colombia, en donde enfrentamos todos los tipos de pobreza señalados anteriormente; sin embargo, hoy creo que es necesario centrarse solo sobre una de ellas, la pobreza extrema o absoluta, la cual considero particularmente alarmante, más en tiempos de pandemia, debido a su profundización y al impacto que genera sobre la mayoría de nuestra sociedad.

La pobreza extrema es aquella condición en donde las personas no pueden satisfacer sus más mínimas necesidades como alimentación, vivienda, salud, agua potable, entre otras. Para determinar quienes se encuentran en esta condición el Banco Mundial estableció como criterio general aplicable en todo el mundo, aquel que dice, que es pobre extremo el individuo que vive con menos de 1.90 dólares al día, es decir, cerca de $6.500, lo que equivale a $205.441 pesos mensuales. A pesar de que es un parámetro mínimo de ingresos aplicado por el órgano internacional a todos los Estados, en Colombia nuestro Departamento Administrativo de Estadística tiene una cifra diferente como parámetro de pobreza extrema y dice que es pobre extremo quien vive con menos de $145.004 al mes.

No obstante la modificación  a la baja de una cifra ya de por si supremamente exigua, los indicadores entregados por el DANE nos dicen que para el 2020 el 15.1% de la población Colombiana se encontraba en estado de pobreza extrema, es decir, 7.470.000 personas en Colombia viven con menos de $145.000 mensuales, con los cuales deben satisfacer todas sus necesidades básicas, una verdadera catástrofe social que requiere de verdaderas políticas de Estado ajenas a cualquier ideología política que piense en la urgente necesidad de disminuir ese drama gigante que deben enfrentar estas personas a diario, ya que sin lugar a duda se acuestan en las noches sin tener certeza si al día siguiente podrán al menos comer. Pero esta bomba social que se cierne sobre nuestra sociedad, reviste ribetes aún más dramáticos, si se tiene en cuenta que más de 21 millones de personas en Colombia se encuentran en estado de pobreza monetaria, es decir viven con menos de $ 331.000 al mes, los cuales en cualquier momento pueden caer en estado de pobreza extrema, ya que muchos de ellos tienen esos ingresos debido a los subsidios entregados por el Estado a través de programas como ingreso solidario que no permiten que millones hagan tránsito hacia la pobreza absoluta. Todo lo anterior, ocurre en un País en donde los ricos a pesar de la pandemia cada vez son más ricos y en donde solo el 1.27% de la población tiene ingresos equivalentes a los que reciben los 28 millones de personas juntas que se encuentran en estado de pobreza monetaria y extrema.

Es imposible después de leer estas cifras no tener claro que algo anda mal, que se requieren medidas estructurales que permitan contrarrestar esta calamidad social, y somos todos, no solo el Estado, los llamados a formar parte de la solución al comprender que para avanzar y lograr una mejor calidad de vida  debemos ser más solidarios y dejar de invisibilizar un problema que cada vez aumenta más y se transforma en el inconformismo que hoy vemos en las calles ante la desesperanza de un mejor futuro, y eso que dejamos de lado los otros tipos de pobreza.

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