Opinion

POR UN HORIZONTE DIGNO

Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.

Colombia como en la mayoría de los países las personas hacen parte de una sociedad que acuden a la protesta, a las marchas públicas como un medio para expresar su inconformismo contra una determinada política gubernamental o rechazo a un mal gobierno.

La esencia de la democracia radica en la libre expresión, el derecho de cada ciudadano a disentir sin limitación alguna, contrario a lo que sucede en los gobiernos  absolutistas que emplean la criminalización o la judicialización de la protesta, que por su naturaleza debe ser pacífica, sin menoscabar el derecho de quienes no participan en la misma, donde a través del hostigamiento, el encarcelamiento, la tortura, esos gobiernos tratan de castigar a quienes motivados por opciones vida y de desarrollo colectivo diferentes hacen parte de ese inconformismo social.

El disenso es un componente básico de la democracia que aleja a quien lo practica de las dictaduras de izquierda o de derecha y busca sobre todas las cosas la igualdad como la equidad social.

Disenso y democracia van de la mano, se debe permitir sin represión alguna, porque si no hay voces que denuncien la arbitrariedad, la iniquidad, estaremos próximos a caer en gobiernos totalitarios, a la ley de acero de los poderes  autocráticos.

Imposible desconocer que el país requiere de cambios en su estructura estatal, ejemplo de ello el mal momento de la justicia, se invoca con urgencia una reforma a lo que se tiene, pocas veces en la historia del país la imagen de esta rama del poder público obtiene tan baja credibilidad ante la opinión pública, la que está en cuidados intensivos y ser tratada sin ocultar una realidad dolorosa y palpable como la pandemia que nos azota.

El país requiere de jueces con personalidad, que sepan diferenciar entre el que protesta por convicción y el delincuente, el vándalo, el desadaptado social, que no es más que aquel que no tiene valores de convivencia en sociedad y no respeta leyes, reglas ni normas, que los hay en estas marchas, dedicados al desorden callejero, con daños al comercio, al mobiliario urbano, como a la obstrucción de vías que de por sí es un delito definido en las normas penales.

ADENDA: Se acercan dos certámenes electorales, siendo el primero elegir o reelegir como lo demuestra el acaecer político un Congreso con alto reproche social, marginado de los grandes debates nacionales donde el denominado comité del paro pareciera ser maneja la agenda de los cambios sociales que se invocan en las marchas de protestas.

Hay que recordar que el instinto popular estimuló y precipitó una reforma constitucional con poderes limitados, que la Asamblea Constituyente convirtió en absolutos y soberanos, como la clausura o revocatoria del Congreso de la época, arca de Noé de la clase política, celosamente cerrado y abroquelado contra cualquier intento de renovación y cambio. Lección al parecer no aprendida.

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