Opinion

LA COMISIÓN DE LA VERDAD. SIRVE PARA ALGO ?

Por: J. F. Paz – Ex magistrado / Consultor.

A propósito  del debate sobre la existencia de la comisión de  la verdad con génesis en los acuerdos de la Habana  encargada de contarle al país que fue lo que pasó a lo largo de estos  cincuenta años de conflicto armado, por qué se llegó a esos extremos de barbarie, quienes fueron los más afectados y perseguidos, los grupos o movimientos responsables, se nos viene a la memoria el viejo proverbio que la verdad es la primera víctima de la guerra o de los conflictos internos, imponiéndose el deber de reconocer lo sucedido como el frontal rechazo al regreso a esas atrocidades.

 Si se pretende una catarsis colectiva, se debe partir de la premisa que dicha comisión no es un tribunal de justicia, no son jueces, ni están para juzgar a nadie, sus decisiones no tendrán efectos judiciales, lo que allí se diga no será tenido en cuenta o usado como prueba en los tribunales ordinarios, por cuanto su funcionamiento corresponde más a un proceso social y político.

No es secreto alguno  que el conflicto de tantos años generó una ruptura en ciertos territorios dejando huellas todavía  difíciles  de restañar, donde sus habitantes se niegan  en aceptar lo ocurrido, con posiciones encontradas políticamente; los que están ubicados en el centro o  la derecha culpan a la guerrilla como responsables de esos grados de violencia, los  de la izquierda culpan al Estado, a sus fuerzas del orden y los grupos paramilitares, sin considerar la negra página de los falsos positivos que tanta indignación produjo en la sociedad colombiana, muchos  en  la total impunidad.

En mora de construir una política colectiva que permita una redistribución del ingreso  como  la riqueza necesaria para pagar la deuda social injustamente aplazada con esa parte de la población, lo que no se logrará si se continua con la cascada tributaria de estos ministros alcabaleros, como tratamientos  complacientes  para quienes  a diario atracan el erario  posando de grandes dirigentes en la banca , la política, el Congreso, la empresa privada, que nos recuerda la máxima de Demócrito: “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla “

ADENDA: UN VACÍO CONSTITUCIONAL RESPECTO A LA SALUD DE LOS GOBERNANTES. Llama la atención el comportamiento de algunos mandatarios territoriales, si lo hacen por un protagonismo mediático, populismo desaforado, embriaguez de poder, o por problemas en la parte física mental, que hace pensar que se gobierna con dificultades de salud, requiriéndose claridad por respeto a los gobernados para establecer si están habilitados para continuar en el cargo.

El oficio de gobernar desgasta, máxime cuando se llega a esas responsabilidades sin la experiencia requerida, imponiéndose el principio que alude “al interés general por encima del interés particular”, aplicable a todos los funcionarios públicos, desde el Presidente de la República hasta el más humilde de los alcaldes.

Algo  está  sucediendo entre otros , con el alcalde  de Manizales, un joven político elegido con la mayor esperanza  de renovación y cambio en el manejo político administrativo de esa  afable  ciudad, por las constantes críticas que se le formulan, las  renuncias de sus secretarios, uno por mes, los altibajos administrativos, las ausencias  reiteradas, las injerencias de particulares en la gestión de gobierno, ciudad  administrada en el pasado por ilustres ciudadanos, un Fernando Londoño Londoño, Gustavo Robledo, Alberto Mendoza Hoyos, Ernesto Gutiérrez Arango,  y otros más  recordados por sus ejecutorias y don de gentes.

Quien debe sopesar la condición física mental es el propio funcionario, por su bien personal, como el de la comunidad que solo aspira a que se le administre con políticas de desarrollo, donde impere la verdad.

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