Por: J. F. Paz – Exmagistrado / Consultor. – Presidente Tribunal de Control Ético del partido liberal colombiano.
Para que se pueda hablar de la existencia de una verdadera democracia hay un mínimo de condiciones que se deben cumplir, pero sobre todo las que hacen referencia al ejercicio autónomo de las tres ramas del poder público, la ejecutiva, la legislativa y la judicial.
Es de la esencia de un estado de derecho, que el ejecutivo gobierne, pero que no mande sobre las otras, cuando el ejecutivo quiere ser Congreso y Corte a la vez, eso no es democracia, es concentración de poder.
En cuanto a la legislativa, se requiere un congreso libre, que debata, que controle, que no esté a la espera de un contrato o la llamada mermelada oficial, la que se pretende oficializar a través de un proyecto presentado por el removido MININTERIOR.
Una judicial que juzgue, pero que no se politice ni presionada, que sus fallos sean en derecho, sin ser atacada cada vez que no le guste al gobernante de turno.
Esta trilogía es la que debe predominar en una verdadera democracia, con una cuarta condición, respeto a las reglas de juego.
No hay duda, de que quién debe administrar justicia no es más que el órgano judicial, pero no obstante en el espacio jurídico de la rama ejecutiva comparte por mandato constitucional el ejercicio de funciones propias de la judicial, como son los estados de excepción para garantizar, al decir del gobierno, el orden público, adquiriendo el ejecutivo la posibilidad de administrar justicia, y, que no decir, de la facultad del ejecutivo para conceder el indulto, la amnistía, la jurisdicción coactiva, la justicia penal militar, constituyéndose en el ente administrador de justicia, denotando un entremetimiento en la actividad de la función judicial.
ADENDA UNO. Empieza agitarse el panorama político para las elecciones regionales de octubre del 2027, con las aspiraciones de candidatos que se asoman buscando si en verdad cuentan con el apoyo popular para iniciar la campaña electoral.
No basta llenar las avenidas de pasacalles, con vistosas y costosas propagandas, con poses de academicismo, brillantez y transparencia personal y administrativa.
Ni consignar en letras de molde, la eficiencia y la eficacia, cuando ronda en el pasado laboral oficial, un sin número de investigaciones disciplinarias, por el irregular manejo de una cualquiera entidad estatal, con pobres resultados en la gestión misional, contractual, presupuestal y financiera.
Pedirle al su fragante que canalice su voto con voceros auténticos y comprometidos con la comunidad, entendiendo que el manejo de lo público se constituye en vaso sagrado, que debe ser respetado y ajeno a ultrajes y tropelías administrativas.
Momento para que los partidos y movimientos seleccionen a sus mejores ciudadanos, dejando de lado la permanente preocupación de cómo conseguir unos votos, cómo montar una coalición que les arroje positivos resultados, aunque sea con los adversarios del ayer, sin soporte programático alguno.
ADENDA DOS. Las buenas maneras y la decencia se deben conservar en el ejercicio del gobierno, por cuanto no tiene justificación alguna que un alto funcionario de estado, como lo es un ministro, se le remueva del cargo a través de las redes sociales, por un trino, por un mensaje intempestivo, como si se tratara de un empleado cualquiera.
Gobernar por redes sociales de moda en los mandatos recientes, es confundir el gobierno con un reality, con esa actuación se humilla no solo a la persona, se subestima el cargo, enviando un mensaje al país que a las instituciones no se les da la categoría que se merecen.
La decencia no es de derecha ni de izquierda, es entender que el poder es pasajero, pero las formas quedan.
Un ministro no merece salir por la ventana de una red social.
Gobernar no es trinar, es respetar.
Ahora bien, se pregunta: ¿el error que le cobran al ex min interior, que grado de responsabilidad pesa sobre el ministro de hacienda?
*Ex magistrado.
