TOMADO DE EL PAÍS DE ESPAÑA
Catalina Oquendo B.
Colombia vive días de efervescencia. Apenas dos meses del Gobierno de Abelardo de La Espriella se palpa el ambiente de movilización y molestia. Después de que la ministra de Cultura, Paola Holguín, desmontara sin razón 30 obras en el Museo Nacional, cientos de ciudadanos se volcaron a las calles. La decisión del Gobierno que ampara en su llamada “batalla cultural” fue invisibilizar las piezas que mostraban las luchas de la población LGBTI y feministas, el asesinato de excandidatos presidenciales de izquierda y la lucha por la Séptima Papeleta que dio lugar a la Constitución Política, uno de los pocos consensos del país. Una vez más, copiando a Trump, que hizo algo similar en el Smithsonian cuando le ordenó «una limpieza ideológica».
Ante un gobierno que obtuvo una victoria mínima, por apenas 250.000 votos, el rechazo ha sido inmediato. Cientos de ciudadanos se agolparon frente al Museo Nacional en un plantón cultural que fue reprimido por el Escuadrón Antidisturbios Esmad, que De La Espriella resucitó. El ministro del interior se justificó el envío de los antimotines en que el plantón generaba un bloqueo y Holguín arguyó que había instrumentalización de menores, porque vio a padres que llevaron a sus hijos al plantón cultural.
Museos de todo el país y hasta antiguos votantes de Abelardo exigen que el Gobierno respete la autonomía de los museos y decenas de personas dan clases a la calle a las afueras del museo para denunciar censura. En los dos meses que lleva de mandato, el Gobierno de Abelardo de La Espriella ha intentado borrar las palabras “niñas” o “campesinos”. Los manifestantes insisten que no permitirán que continúe la invisibilización. Hoy harán un plantón ante la Biblioteca Nacional, donde su directora que no tiene experiencia ni en patrimonio ni en gestión editorial y, según denuncian empleados, ha llegado con maltratos. Convocan para defender las bibliotecas públicas.
Pero mientras el Museo Nacional ha tenido todos los reflectores, la batalla cultural de Abelardo de La Espriella se está librando de forma más soterrada en un aspecto sensible de la vida de los ciudadanos: la educación. La ministra de Educación, Ilva María Hoyos, se enfoca en desmontar la educación sexual y reproductiva. Hoyos envió una carta al secretario jurídico de la Presidencia, pidiéndole tumbar la resolución que establece la Política Nacional de Educación Sexual y Reproductiva en los colegios del país.
En paralelo, continúan las denuncias por escándalos durante el gobierno de Gustavo Petro. Esta vez el viejo señor de la guerra, Salvatore Mancuso, quien pasó de gestor de paz nombrado por Petro a denunciante. El exjefe paramilitar acusó a funcionarios del Gobierno de izquierda de pedirle que se sumara a una conspiración para hablar mal de tres líderes de derecha, incluido el hoy presidente De La Espriella, de quien es amigo desde la infancia.
Mientras tanto, el Gobierno avanza también con la estrategia de reducir el Estado que creció durante el gobierno anterior. Según reporta La Silla Vacía, De la Espriella rompe récord y reduce 5.000 contratistas en dos meses. En otras palabras, casi 5.000 personas perdieron sus empleos. En la Patria Milagro.












