Por: Jonathan Marín Henao – Concejal Chinchiná.
Hay algo que llevo tiempo manifestando y que cada vez tengo más claro: Chinchiná está en el lugar correcto y en el momento correcto. Lo que no podemos es quedarnos quietos viendo cómo las oportunidades pasan por nuestro lado.
No lo digo solamente porque estemos entre Manizales y Pereira. Lo digo porque cuando uno mira con cuidado lo que está pasando alrededor nuestro, empieza a entender que se está configurando un nuevo mapa económico y logístico para esta región.
Y Chinchiná está en la mitad.
Por un lado, Manizales seguirá creciendo hacia nuestro municipio. El Plan Parcial El Rosario hace parte de esa expansión y está ubicado precisamente en este corredor. Si allí van a vivir miles de nuevas familias, a pocos minutos de Chinchiná, esas personas van a necesitar comercio, restaurantes, servicios de salud, entretenimiento, turismo, cafés, supermercados y muchos otros servicios.
Entonces la pregunta es sencilla: ¿por qué no preparar a Chinchiná para convertirse en un gran proveedor de bienes, insumos y servicios para esa nueva población?
Por otro lado, mientras Manizales crece hacia nosotros, hay otra realidad que también debemos saber aprovechar: Caldas es hoy el gran motor exportador del Eje Cafetero.
Las cifras son contundentes. Entre enero y mayo de este año, Caldas exportó cerca de 551 millones de dólares; Risaralda, 309 millones; y Quindío, 96 millones. Es decir, Caldas exportó más que Risaralda y Quindío juntos.
Y buena parte de esa fortaleza tiene nombre propio: café, es decir, Chinchiná.
El café sin tostar y el café soluble representaron juntos cerca del 72 % de las exportaciones de Caldas durante ese período.
Ahí Chinchiná tiene muchísimo que decir.
Estamos en el corazón de la caficultura colombiana. Aquí tenemos producción, industria, transformación, conocimiento e investigación alrededor del café. Por eso, cuando hablamos de café, no estamos hablando solamente de nuestra tradición. Estamos hablando también de empleo, industria, exportaciones y competitividad.
Y justamente porque producimos y exportamos, necesitamos pensar también en cómo movemos lo que producimos. Ahí aparece el Kilómetro 41.
Hace poco conocí un estudio técnico que me llamó mucho la atención. Para determinar dónde sería más conveniente establecer un gran centro logístico la alternativa más favorable fue precisamente el Kilómetro 41. El estudio lo describe como un punto neurálgico de la red de transporte del país, por su capacidad para conectar las regiones productoras con los centros de consumo y los puertos marítimos.
Por eso Chinchiná no puede mirar desde lejos el desarrollo del Corredor Logístico Agroindustrial de Occidente. Tenemos que conectarnos con él.
Y esa conexión nos lleva a mirar todavía más lejos: hacia Antioquia y Urabá. Históricamente nuestra salida cafetera ha dependido en gran medida de Buenaventura. Entre 2020 y 2025, más del 72 % del café exportado por el Eje Cafetero salió por ese puerto. Pero hoy Puerto Antioquia abre una nueva posibilidad para llevar nuestros productos al mundo. Cuando uno mira en el mapa Pacífico 3, la conexión con Antioquia, el Túnel del Toyo y Puerto Antioquia, entiende que allí puede consolidarse una ruta estratégica para nuestra producción, buscando reducir distancias, tiempos y costos logísticos. Por eso creo que Caldas tiene que mirar mucho más hacia Antioquia, sin darle la espalda a Risaralda. Nuestra fortaleza está precisamente en poder conectarnos con ambos.
Tenemos a Pereira hacia un lado, con toda su dinámica comercial y empresarial; a Manizales hacia el otro, creciendo en dirección a Chinchiná; el Kilómetro 41 a pocos kilómetros; y hacia Antioquia, una nueva posibilidad para sacar nuestros productos al mundo.
Pocas ciudades de nuestro tamaño tienen una ubicación como la nuestra. Y al final, todo está conectado.
Una persona puede vivir en El Rosario, trabajar en Manizales, ir a comer a Chinchiná y hacer negocios en Pereira.
Y un café producido en Chinchiná podemos transformarlo acá, consolidar su carga en el Kilómetro 41, atravesar Antioquia y terminar en un barco rumbo al mundo.
Esa es la región que tenemos que empezar a imaginar: una región que no termina donde una señal dice que acaba un municipio y empieza otro y para aprovecharla también tenemos que hacer la tarea en casa.
Si queremos que quienes vivan, trabajen o transiten cerca de Chinchiná nos escojan para comprar, comer, invertir o pasar un fin de semana, necesitamos una ciudad segura, limpia, bonita y organizada. Tenemos que fortalecer nuestro comercio, mejorar nuestros espacios públicos, impulsar la gastronomía y el turismo, facilitar la inversión y generar condiciones para que nuevas empresas encuentren aquí un buen lugar para generar empleo.
Tenemos que entender desde hoy lo que está pasando alrededor nuestro y preparar el territorio para lo que viene.
No quiero que dentro de diez o quince años miremos hacia Manizales y encontremos un nuevo desarrollo urbano; hacia el Kilómetro 41 y encontremos un gran centro logístico; hacia Antioquia y veamos consolidada una nueva ruta hacia los puertos, para después preguntarnos:
¿Y por qué Chinchiná no aprovechó todo eso?
Tenemos café. Tenemos industria. Tenemos comercio. Tenemos gente trabajadora. Y tenemos algo que ningún gobierno tuvo que construirnos: la ubicación.
Ahora nos corresponde convertirla en oportunidades, empleo y desarrollo.
Porque las oportunidades también pasan de largo.
Y esta, Chinchiná no la puede dejar pasar.
