Opinion

Anécdotas desconocidas de Carlos Gardel

Antonio Corrales Giraldo

El hombre de la sonrisa famosa: el símbolo máximo del tango argentino. Que
de paso su féretro para Argentina amaneció en Anserma.

Por: Antonio Corrales Giraldo.

Hay personajes que mueren, pero no desaparecen. Carlos Gardel pertenece a esa categoría de hombres cuya voz parece desafiar el paso del tiempo. Por eso, casi un siglo después de su muerte, continúa vigente aquella frase que se convirtió en leyenda: “Cada día canta mejor”.

Gardel es considerado uno de los máximos exponentes de la historia del tango y una de las figuras culturales más importantes de la música popular latinoamericana. Su extraordinaria voz, su elegancia, su famosa sonrisa y su manera de interpretar las canciones lo convirtieron en un ídolo internacional.

La documentación más aceptada señala que nació en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890, con el nombre de Charles Romuald Gardés. Cuando tenía poco más de dos años, emigró con su madre, Berthe Gardès, a Buenos Aires, ciudad donde creció y desarrolló buena parte de su vida artística. En 1923 adquirió la nacionalidad argentina y adoptó definitivamente el nombre de Carlos Gardel.

Su carrera artística fue extraordinaria. Fue cantante, compositor y actor de cine y dejó una producción discográfica enorme, que incluye tangos y otros géneros de la música popular. Entre sus interpretaciones más recordadas están Mi Buenos Aires querido, Cuesta abajo, Volver, El día que me quieras, Caminito y Por una cabeza.

Para la década de 1930, Gardel ya era una celebridad internacional. Sus presentaciones congregaban multitudes y su figura despertaba una verdadera devoción popular.

Pero el destino quiso que su vida terminara precisamente en Colombia.

La última escala de Gardel

El 24 de junio de 1935, Carlos Gardel se encontraba en Medellín durante una gira artística. Ese día debía continuar su viaje hacia Cali.

El accidente ocurrió en el entonces aeródromo Las Playas, hoy Aeropuerto Olaya Herrera. El avión trimotor Ford F-31 de la empresa SACO, en el que viajaba Gardel, comenzó la maniobra de despegue y se desvió de su trayectoria, chocando contra otro avión, el “Manizales”, de la empresa SCADTA, que esperaba para iniciar su propio despegue.

La colisión provocó el incendio de las dos aeronaves y dejó 17 personas muertas. Entre ellas estaban Carlos Gardel, el compositor Alfredo Le Pera y varios integrantes de su grupo artístico.

Gardel murió en la cima de su fama, con apenas 44 años.

Una historia que me contó el doctor Albino Hoyos

Pero esta historia tiene para mí un significado especial.

Tuve el honor de conocer al doctor Albino Hoyos, médico oriundo de Santa Rosa de Cabal, con quien además cultivé una gran amistad. En una de sus visitas a Anserma, tuvimos la oportunidad de recorrer juntos algunos lugares relacionados con el paso del féretro de Gardel por esta población. Féretro que amaneció en el local de la empresa Ansermeña de transporte de ese entonces Rico-Villa, ubicada en los bajos del actual hotel imperial.

En aquella conversación le pregunté por el accidente de Gardel y por lo que él había vivido en Medellín.

El doctor Hoyos me contó que, siendo entonces estudiante de medicina, había tenido la oportunidad de asistir a una presentación de Gardel en el Circo Teatro España, escenario donde se presentaban espectáculos artísticos y también corridas de toros.

Recordaba con especial emoción la reacción del público y, sobre todo, la admiración que despertaba la figura del cantante.

Pero lo que más lo marcó ocurrió después del accidente.

Según su relato personal, hizo parte del grupo que intervino en la identificación de los cuerpos y pudo observar directamente las consecuencias de la tragedia.

Me dijo que la imagen que más lo impresionó fue la de aquel hombre que poco antes había visto cantar y que ahora resultaba prácticamente irreconocible debido al incendio.

La identificación de Gardel fue especialmente difícil por el estado en que quedó el cuerpo. El doctor Hoyos recordaba que uno de los elementos que ayudaron al reconocimiento fue la dentadura.

Y aquí aparece una de esas historias que parecen sacadas de una novela.

“Antonio, de Gardel nos quedó la música y un diente”

El doctor Hoyos me contó que, durante el procedimiento de identificación, observaron que Gardel tenía una pieza dental postiza. Según su relato, esta terminó siendo depositada en una cesta de basura.

Pero la historia no terminó allí.

Un hombre que tenía una joyería en la Plaza de Berrío, y que había escuchado el comentario sobre aquella pieza dental, habría conseguido rescatarla.

El doctor Hoyos me lo contó con su habitual serenidad y me dijo una frase que nunca olvidé:

“Antonio, de Carlos Gardel aquí en Colombia nos quedamos con su música y un diente; el resto lo mandamos para Argentina”.

Era una manera muy particular de resumir una tragedia que conmovió a Colombia y al mundo.

Una confidencia que permaneció en el tiempo.

Lo más valioso de esta historia, para mí, no está solamente en los libros ni en los documentos.

Está en haber escuchado personalmente al doctor Albino Hoyos.

Él era un hombre parco, reservado y poco amigo de hablar públicamente de sus experiencias. Según me manifestó, nunca había contado aquella particular historia del diente de Gardel en las entrevistas que le hicieron medios de comunicación colombianos y argentinos.

Aquella tarde, en un junio de 2011 en Anserma, decidió contármela a mí.

Lo hizo —me dijo— por el respeto que siempre tuvo por Gardel y porque también había sido admirador de aquel hombre de sonrisa famosa que había visto cantar en Medellín pocos días antes de convertirse, trágicamente, en leyenda.

Han pasado más de noventa años desde aquella tragedia.

Gardel ya no está. Pero su voz permanece.

Y quizás por eso sigue siendo cierta aquella frase que resume mejor que ninguna otra la inmortalidad del Zorzal Criollo: “Cada día canta mejor”.

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