Por: Antonio Corrales Giraldo
LA SOBREOFERTA, EL DÓLAR BARATO, EL CONTRABANDO Y EL FENÓMENO DE EL NIÑO AMENAZAN UNO DE LOS CULTIVOS MÁS IMPORTANTES DE LA ECONOMÍA CAMPESINA COLOMBIANA.
El cultivo de plátano atraviesa una de las peores crisis de las últimas décadas. Paradójicamente, mientras los consumidores disfrutan de precios bajos, miles de familias campesinas venden su cosecha por debajo de los costos de producción, comprometiendo la sostenibilidad de uno de los renglones más importantes de la agricultura colombiana.
Colombia cuenta con cerca de 480.000 hectáreas sembradas en plátano, con una producción anual cercana a 4,8 millones de toneladas. Este cultivo está presente en los 32 departamentos y en alrededor de 786 municipios, constituyéndose en el sustento directo de más de 220.000 familias campesinas.
Su importancia económica y social es incuestionable. El plátano hace parte de la canasta básica de los colombianos, contribuye a la seguridad alimentaria y genera empleo e ingresos en buena parte del territorio nacional. El consumo per cápita supera los 80 kilogramos por habitante al año, uno de los más altos del mundo. Además, según FINAGRO, por cada hectárea cultivada se generan aproximadamente 0,6 empleos directos y 1,4 indirectos, lo que representa cerca de 960.000 empleos entre directos e indirectos.
Sin embargo, detrás de estas cifras se esconde una realidad preocupante.
Hoy muchos productores reciben entre $400 y $800 por kilogramo, precios que, en numerosos casos, no alcanzan a cubrir los costos de producción. El esfuerzo de meses de trabajo termina convertido en pérdidas económicas, afectando la liquidez de las fincas y poniendo en riesgo la permanencia de miles de agricultores en esta actividad.
La crisis ha llegado a tal punto que numerosos racimos permanecen colgados en las plantaciones porque resulta más económico dejarlos perder que asumir los costos de cosecha, transporte y comercialización. Nunca había sido tan doloroso ver una cosecha convertida en una carga para quien la produjo.
Como consecuencia, algunos cultivos están siendo abandonados y otros erradicados. La desmotivación crece entre los productores, quienes no logran cubrir sus obligaciones financieras ni atender oportunamente las labores agronómicas que requiere el cultivo.
Las causas de esta crisis obedecen a varios factores que coinciden al mismo tiempo.
En primer lugar, las condiciones climáticas registradas en diferentes regiones del país han sincronizado las cosechas, generando una sobreoferta de plátano que ha saturado los mercados nacionales.
En segundo lugar, la fuerte revaluación del peso colombiano ha reducido la competitividad de las exportaciones. Buena parte del plátano que normalmente tendría como destino los mercados internacionales han terminado abasteciendo las principales centrales mayoristas del país, aumentando aún más la oferta interna.
A ello se suma el ingreso de plátano procedente del Ecuador, buena parte del cual, según denuncian los productores, entra de manera ilegal por la frontera y se comercializa a precios muy inferiores, ejerciendo una presión adicional sobre el mercado nacional.
Pero quizá el mayor motivo de preocupación está por venir.
Los pronósticos climáticos anuncian la llegada del fenómeno de El Niño, con un incremento de las temperaturas y una reducción de las lluvias entre finales de este año y comienzos del próximo. El plátano es uno de los cultivos más sensibles al déficit hídrico. La falta de agua afecta el crecimiento de las plantas, disminuye el tamaño y la calidad de los racimos y reduce considerablemente la productividad.
Lo más preocupante es que muchos productores no cuentan hoy con los recursos necesarios para prepararse. La baja rentabilidad les ha impedido invertir en sistemas de riego, conservación de humedad del suelo, incorporación de materia orgánica, coberturas vegetales o cualquier otra práctica de adaptación al cambio climático.
Por ello, la paradoja es evidente: hoy existe abundancia y precios ruinosos; mañana podríamos enfrentar una reducción significativa de la oferta y un aumento de los precios por efecto de la sequía y del abandono de numerosas plantaciones.
Frente a esta situación, resulta indispensable que el Ministerio de Agricultura, las Secretarías de Agricultura departamentales y municipales, Asohofrucol, los gremios y las demás instituciones del sector construyan, de manera urgente, un plan de acción para atender esta crisis. Se requieren estrategias de comercialización, apertura de nuevos mercados, fortalecimiento de las exportaciones, control efectivo al contrabando, acceso a crédito oportuno, apoyo a la tecnificación de los cultivos y programas de preparación frente al fenómeno de El Niño.
El plátano no es simplemente un cultivo más. Es alimento para millones de colombianos, fuente de empleo rural y sustento de cientos de miles de familias campesinas. Permitir que esta actividad continúe deteriorándose sería un grave error para la economía y para la seguridad alimentaria del país.
Cuando un agricultor deja perder un racimo porque no vale la pena cosecharlo, Colombia pierde mucho más que una fruta. Pierde producción, empleo, esperanza y confianza en el campo. Defender la rentabilidad del plátano no es proteger un cultivo; es proteger la dignidad de las familias campesinas y la seguridad alimentaria de toda la Nación.
Agosto de 2026.
