Por: Redacción de Tintiando.com
En su discurso del pasado domingo en la noche, el presidente electo de los colombianos, Abelardo de La Espriella, fue claro al afirmar que no tiene la varita mágica para solucionar todos los problemas del país.
Ello significa que, De La Espriella sabe y conoce muy bien qué país va a recibir. Los problemas de Colombia son estructurales y se requiere de varios períodos de políticas públicas en cada campo para lograr la implementación de procesos adecuados a las nuevas realidades y que corrijan lo que está mal.
Quienes piensan De La Espriella transformará el país de la noche a la mañana, están completamente equivocados. La luna de miel está llamada a terminarse en aproximadamente seis meses o más, cuando los colombianos veamos transcurrir los días, y todo siga igual. No será por falta de voluntad del presidente de la república, es la dinámica de la administración pública en Colombia.
Las reformas tienen que ir al Congreso de la República para que sean discutidas y aprobadas, y antes de ello, el Presidente debe lograr gobernabilidad, o sea, mayorías tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes y las Comisiones Constitucionales permanentes respectivas.
Mientras tanto se corre el riesgo de que el país entre en un letargo, una especie de estancamiento o parálisis de la administración pública, principalmente cuando el gobernante entrante cae en el error de borrón y cuenta nueva, de eliminar todo rastro de su antecesor para partir de ceros e implementar sus políticas.
Generalmente en el período de acoplamiento, que puede ser de seis meses, se pierde un tiempo precioso y el gobierno prácticamente se paraliza. Lo aconsejable es recoger los programas del gobierno anterior que estén funcionando bien, y continuar con su ejecución introduciéndole, simultáneamente, las modificaciones que considere pertinentes el nuevo gobernante mientras se aprueba el nuevo Plan Nacional de Desarrollo.
El presidente Abelardo de La Espriella deberá presentar ante el Congreso de la República, dentro de los cuatro meses siguientes a su posesión, el proyecto de Ley que adopta el Plan Nacional de Desarrollo (PND), documento que regirá todas las políticas de inversión y desarrollo durante los próximos 4 años en el país. Es la brújula que guiará al nuevo gobernante y donde se eleva a categoría de Ley de la república el programa de gobierno triunfador en las urnas el pasado 21 de junio.
Esto significa que, aproximadamente en el mes de mayo del 2027 estará aprobado para poder hacerse el proceso de armonización con el presupuesto general de la nación para la vigencia 2027 que será aprobado en noviembre del presente año. Es ahí cuando se puede afirmar que prácticamente empieza el nuevo gobierno.
Lo anterior para decir que el gobierno de De la Espriella tardará mínimo 11 meses para empezar a implementar sus políticas y propuestas, las cuales debieron de haber quedado consagradas previamente en el Plan Nacional de Desarrollo 2027 – 2031.
No obstante, previo a todo lo anterior, otro escollo difícil que tendrá que sortear al nuevo presidente de la república, será lograr las mayorías en el Congreso para que sus iniciativas sean aprobadas sin mayores contratiempos. Estamos terminando un período constitucional caracterizado por la oposición mayoritaria del legislativo a todas las iniciativas y reformas propuestas por el ejecutivo, sin mediar discusión de los proyectos de Ley, solo por razones políticas.
Aunque De La Espriella ya anunció el nombre de Rodrigo Lara Restrepo como su ministro del interior, designación acertada por el conocimiento que tiene del Congreso, la imagen de hombre serio y su importante trayectoria en el sector público, lograr la gobernabilidad entre los congresistas le costará sangre al nuevo presidente porque se encontrará con una clase política tradicional, en su mayoría, ávidos de poder burocrático al que no tuvieron acceso durante el gobierno pasado y ahora no estarán dispuestos a hacer acuerdos políticos sin contraprestación.
Encontrará unas bancadas de partidos divididas en el Congreso donde las decisiones se tomarán de acuerdo con la conveniencia de cada cual. Esto significa que no habrá acuerdos o negociaciones con los partidos, sino que tendrá que hacerlo en forma individual con cada congresista, prácticamente; por lo menos así sucederá con los liberales, conservadores y La U.
Ya en otro campo, el problema de orden público tampoco será fácil de resolver. Todos los actores armados al margen de la Ley actúan sin ideología y su única motivación son razones económicas. Ahora los principales factores de violencia son generados por la disputa de las rutas para el tráfico de estupefacientes; y la explotación ilegal de oro, negocio que dicen, es más rentable que la misma coca. La delincuencia común se ha vuelto prácticamente incontrolable y las bandas criminales crecen cada día más.
Prueba de ello, es la respuesta de las disidencias de Iván Mordisco ante el ultimátum de un mes puesto por el presidente Abelardo de La Espriella para que entreguen las armas y dialoguen. Colocaron varias cargas explosivas en la troncal del Caribe en su paso por el departamento de Antioquia lo que tuvo cerrada esta importante vía durante más de doce horas.
La lucha no será fácil porque se mueven grandes cantidades de dinero ilegal que ha logrado permear a las fuerzas armadas, a la policía y a la rama judicial, de ahí los altos índices de impunidad que tanto mal le hace al país.
La corrupción también está prácticamente incontrolable porque se convirtió en cultura en nuestro país, no solo en el sector público, también en el sector privado que soborna a los funcionarios del Estado para la adjudicación de grandes negocios.
La demasiada dependencia de Estados Unidos y llevarle los caprichos del presidente Trump como aceptar la deportación de colombianos residentes en el país del norte, le pasarán cuenta de cobro a De La Espriella, y nuevamente se despertará el sentimiento anti yankee aplacado en los últimos años.
El panorama no pinta nada fácil, y no hemos tocado, tal vez, los temás de mayor urgencia de atención como la salud, las reformas pensionales y laborales, la desigualdad social, la pobreza y el desempleo.
Lo que se le avecina a Abelardo de La Espriella, le hubiese sucedido también a Iván Cepeda de haber salido triunfador. Gobernar un país como Colombia no es fácil y menos cuando está tan polarizado. Así es que, no esperemos fórmulas mágicas.
La única fórmula que funcionará será la unidad del país en torno a un mismo propósito, cosa difícil de conseguir, por lo menos por ahora, ante los insultos permanentes, a través de las redes sociales y algunos medios de comunicación, de parte de los seguidores de De La Espriella contra quienes votaron por Cepeda y Petro.
Aplicando el retrovisor y llevando a la cárcel a su antecesor, no es el camino: divide y polariza más. La unidad es el camino.
Manizales, junio 27 de 2026.













